Fragmento de “Incendies” de Wajdi Mouawad

No quiero consolarme Nawal, no quiero que tus ideas, tus imágenes, tus palabras, tus ojos, tu amistad, toda nuestra vida juntas. No quiero que me consuelen de todo lo que he visto y oído.

Entraron en los campos como locos furiosos. Los primeros gritos despertaron a los demás y enseguida se escuchó el furor de los milicianos. Empezaron por lanzar a los niños contra la pared. Luego mataron a todos los hombres que pudieron encontrar. Los niños, degollados; las jóvenes, quemadas. Todo ardía alrededor, Nawal, todo ardía. Todo crepitaba. Había olas de sangre corriendo por las calles. Los gritos subían por las gargantas y se extinguían y era una vida menos.

Un miliciano preparaba la ejecución de tres hermanos. Los puso contra la pared. Yo estaba a sus pies oculta en la cuneta. Veía el temblor de sus piernas. Tres hermanos. Los milicianos arrastraron a su madre por los pelos, la pusieron delante de sus hijos y uno de ellos le gritó: “Elige, elige a cuál quieres salvar. Elige, elige o los mato a todos, a los tres. Cuento hasta tres, a la de tres los mato a los tres, elige, elige”. Y ella, incapaz de hablar, incapaz de nada volvía la cabeza a la derecha y a la izquierda. Y miraba a cada uno de sus tres hijos.

Nawal, escúchame. No te cuento una historia, te cuento un dolor caído a mis pies. Yo la veía, entre el temblor de las piernas de sus hijos, con sus pechos demasiado pesados y su cuerpo envejecido por haber llevado a sus tres hijos. Y todo su cuerpo aullaba. “Entonces para qué haberlos llevado en mi vientre si es para verlos ensangrentados contra una pared”. Y el miliciano no paraba de gritar: “elige, elige”. Entonces ella le miró y le dijo con una última esperanza: “Cómo puedes, mírame. Yo podría ser tu madre”. Entonces él la golpeó: “No insultes a mi madre. Elige”. Y ella dijo un nombre, dijo: “Nidal, Nidal”. Y se derrumbó. Y el miliciano abatió a los dos más jóvenes. Dejó al mayor con vida, temblando. Lo dejó y se fue. Los dos cuerpos cayeron. La madre se levantó y en el centro de la ciudad que ardía, que lloraba inconteniblemente se puso a gritar que era ella quien había matado a sus hijos. Con su cuerpo demasiado pesado, decía que ella era la asesina de sus hijos.

Fuente: cultura.elpais.com


Wajdi Mouawad (Beirut, Líbano, 1968) es un escritor, actor y director de teatro canadiense. Sus padres huyeron de Líbano a París, Francia, en 1977 a causa de los conflictos civiles que asolaron el país hasta los años noventa del siglo XX. Cinco años más tarde, en 1983, se establecieron en Quebec.

Es diplomado en 1991 por la Escuela Nacional de Teatro de Canadá. De 2000 a 2004, dirige el Teatro de Quat’Sous de Montreal y en 2005, funda las compañías de creación Au carré de l’hypoténuse, en Francia, y Abé carré cé carré en Montreal con Emmanuel Schwartz.

En 2009, fue el artista asociado del Festival de Avignon y recibió el Gran premio del teatro de la Academia francesa por el conjunto de su obra dramática. De 2007 a 2012 fue director artístico del Teatro Francés del National Arts Center (NAC) (en inglés) o Centre National des Arts (CNA) (en francés) de Ottawa.

La tetralogía del teatro épico Le sang des promesses, escrita y dirigida por él y que incluye las obras Forêts, Littoral, Incendies y Ciels, le abrió las puertas al renombre internacional. Su segunda irrupción en el campo de la narrativa, Ánima, que le llevó diez años de escritura, ha obtenido el Gran Premio Thyde Monnier de la Sociedad General de Hombres de Letras y el premio literario Deuxième Roman de Laval, el premio Phénix de literatura, el premio Méditerranée y el premio Llibreter 2014 otorgado por el Gremio de Libreros de Cataluña.

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