La poesía fotográfica de Patti Smith

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“Mis fotos son meditación”.

—Patti Smith

La fotografía polaroid está viviendo una segunda ola de interés en el mundo, en gran parte está sucediendo por los fotógrafos jóvenes que buscan crear algo diferente —más tangible y menos efímero— de lo que pueden hacer con la tecnología digital con la que están creciendo. Pero también están los que han elevado el uso de este tipo de fotografía a un verdadero arte. Entre ellos, por supuesto, uno de los mayores iconos del rock de los 70’s y 80’s: la cantante, poeta y activista social norteamericana Patti Smith (Chicago, 1946).

Patti Smith no necesita presentación, pues quién no ha escuchado Because The Night o People Have The Power sin sentir que se le sale el corazón por la boca. Tan polémica como comprometida con su activismo social, no sólo usa música —una mezcla entre rock punk y poesía— para transmitir la necesidad del cambio en el mundo, sino que también recrea una atmósfera enigmática, íntima, alrededor de su persona. Un síntoma de que la poesía es el tuétano de sus impulsos, de que el quehacer poético se traslapa a cualquier actividad en la que se concentra, una prueba también de que no existen fronteras para la expresión artística, siempre y cuando se transgreda —como casi siempre sucede en artistas multifacéticos— los límites. De ahí que esta forma de habitar el mundo dé origen a una obra nutrida y poliédrica. Esto, sin duda alguna, han convertido a Patti Smith en una de las artistas más influyentes de la historia del rock, logrando aportar un toque feminista e intelectual, con una inquietante impronta que la eleva a la categoría de mito generacional.

 

Pero, ¿por qué la poesía transgrede su arte, en este caso su música, sus fotografías y su activismo social? Pues ella misma lo explica:

Cuando quiero comunicarme con el pueblo, canto; cuando quiero ver algo para mí misma, que pueda gustar al público, escribo poesía…

Algunos de sus poemas han sido publicados en colecciones como: Auguries of Innocence: Poems (Augurios de inocencia), donde Patti Smith hace un homenaje al famoso poema de William Blake de homónimo título, aquel que comienza:

To see a World in a Grain of Sand / And a Heaven in a Wild Flower / Hold Infinity in the palm of your hand / And Eternity in an hour.

(Para ver el mundo en un grano de arena / y el cielo en una flor silvestre: / sostén el Infinito en la palma de tu mano / y la eternidad en una hora).

Esto hace muy claro que no sólo en sus libros de poesía sino también sus canciones están influenciadas por sus artistas favoritos: Arthur Rimbaud, Bob Dylan, Antonin Artaud, Jimi Hendrix y los Rolling Stones. De esta manera se une a la gran tradición de los poetas, artífices de la palabra, que dejarán un eco el mundo.

“No considero que escribir sea un acto silencioso, introspectivo. Es un acto físico. Cuando estoy en casa, con mi máquina de escribir, me vuelvo loca. Camino como un mono. Me humedezco. Tengo orgasmos. En vez de inyectarme heroína, me masturbo catorce veces seguidas. Tengo visiones. Naves descendiendo sobre las pirámides aztecas. Templos. Así es como escribo mi poesía”.

Sin embargo, a falta de palabras, aquellos momentos en donde la pluma se rehúsa a escribir o simplemente que el papel en blanco se convierte en una lucha interna, la poeta usa su cámara Polaroid Land 250 para seguir expresándose. Sus fotografías tienen justo una gran intensidad poética, en la que la artista pone el acento en la condición humana y su incapacidad para la comunicación y la paz, pero también en la memoria, en la necesidad de hacerle frente al olvido a través de la fotografía:

Empecé a hacer fotografías Polaroid a principios de los años 70, como elementos para mis collages. La mayoría se han perdido. En los 80 usaba una Minox 35EL. En 1995, tras la muerte de mi marido, no podía centrarme en creaciones complejas como dibujar, grabar o escribir un poema. La necesidad de inmediatez me llevó de nuevo hasta las Polaroid. Escogí una vieja Land 100.”

De cierta forma, sus fotografías son una forma de escritura (“Fotografía” viene del griego φῶς —raíz φωτ, phōs, «luz»—, y γράφω —raíz γράφ, graf, «escribir»), y que está enteramente concentrada en la evocación de las cosas pequeñas, los paisajes remotos, los lugares que habitaron artistas admirados por ella.

El resultado es una bella colección en blanco y negro que permite ver que la faceta poética ha condicionado su actividad creativa, es decir, el compromiso social y el activismo.

Y a la vez se puede ver un profundo interés por otros artistas y escritores, pues son numerosas las referencias literarias, y lugares y momentos recogidos en los viajes de sus giras, como objetos cotidianos, monumentos, calles, interiores domésticos, animales y personas que han sido parte del imaginario de las canciones de Smith y que en su música son evocadas con el sonido, acá en su fotografías aparecen congelados en la brevedad del tiempo: un instante de mutismo poético.

“Lo instantáneo del método me daba una sensación de libertad y cubría mis demandas creativas. En 2002 volví a cambiar, esta vez a una Land 250. Es una cámara de fuelle, con visor telemétrico Zeiss Ikon. Aunque puede ser ligeramente idiosincrásico, me gusta la simplicidad técnica. Cerca/lejos. Oscuro/claro. […] Después de perder mi pequeño estudio, me aventuré a salir al mundo, y la Land 250 siempre estuvo a mano”.

Sus fotografías son un universo lírico y espiritual. Y son esa contraparte de la música, son el silencio:

“Algunas veces, cuando me apetece el silencio, vuelvo a mi Land 250. La experiencia de hacer Polaroids me conecta con el momento. Son recuerdos de preciosa soledad”

Hace algunos años, sus fotografías polaroid llegaron a las grandes galerías, convirtiéndose en exposiciones muy visitadas en París, Madrid y Nueva York y otras partes del mundo.

Son pequeños recuerdos enmarcados por lo instantáneo, momentos que documentan cientos de encuentros, reliquias sagradas para Patti Smith.

¿Qué importancia puede tener un tenedor y una cuchara que pertenecieron a Arthur Rimbaud, el poeta simbolista francés; unas pantuflas de Mapplethorpe y la pandereta que hizo para Smith; una silla que pertenecía al escritor chileno Roberto Bolaño; un pañuelo de William S. Burroughs; una réplica de una máscara con la cara de William Blake; la cama, el escritorio y la tumba de Virginia Woolf? Quizá sean algunas de sus mejores fotografías, las más atractivas para un público que gusta de coleccionar afiches, pero para Patti Smith son un recordatorio de que la poesía (el arte) no está en los objetos, sino en los ojos del espectador.

  1. Abril De Alba

    Me agrada!!!! 🙂

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