Un acercamiento a Adolfo Bioy Casares

Para Adolfo Bioy Casares uno comienza escribir cuando uno empieza a leer. El gusto nace del placer por el texto, de querer replicar de alguna forma lo leído en un ámbito personal, para mejorarlo o para abrir nuevos senderos. Leer y escribir son placeres que están cercanamente relacionados, dos caminos que se complementan y llevan al mismo destino: darle significado a la existencia.

“Uno empieza a escribir porque le gusta, nada más. Y después tiene la revelación de que escribir da… sentido a la vida”.

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires en el seno de una familia acomodada, esto le permitió dedicarse exclusivamente a la literatura.

“Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros”.

Truncó las carreras de Derecho y Filosofía porque se decepcionó de la forma en cómo se enseña la universidad. Esa decisión lo llevó a retirarse a una estancia que poseía su familia y que contaba con una inmensa biblioteca, acervo que le sirvió para acercarse a la literatura argentina y a los clásicos universales en sus lenguas originales; aunque él cuenta que no fue exclusivo con la lectura de sus propios intereses y que trató de leer todo lo que encontraba a su paso:

“Descubrí la literatura. Y entonces me puse a escribir y a leer. Digamos que desde los doce hasta los treinta años leí realmente mucho. Traté de leer toda la literatura francesa, toda la española, toda la inglesa, la americana, la argentina, la de otros países europeos, un poco de la alemana, de la italiana, de la portuguesa, de la japonesa, de la chilena, autores persas, en fin: traté de cultivarme como esos norteamericanos que hacen todo por programa; quise leer todo. Y mientras leía todo, al mismo tiempo quería escribir”.

Además de su lengua materna el español, hablaba inglés, francés y alemán, lo que no sólo le permitió leer autores en sus propias lenguas, sino que abriría para él la senda del viaje. Y aunque la lectura y la escritura suelen ser actividades sedentarias, a lo largo de toda su vida fue un trotamundos.

“Yo tengo la obsesión del viaje. Siempre creo que voy a solucionar todo yéndome”.

En 1932 conoce a Jorge Luis Borges, quien se convirtió en su amigo entrañable y una influencia decisiva, y con quien escribió muchas obras en colaboración, utilizando varios seudónimos que adoptaron entre los dos: C.I. Lynch, B. Suárez Lynch y el más conocido de todos, H. Bustos Domecq.

“Escribir da sentido a la vida”.

51ltdxwxmml-_sx311_bo1204203200_En 1934 se enamoró de Silvina Ocampo, con quien se casó en 1940, el mismo año en que publica La Invención de Morel, su obra más reconocida.

Algunos comentaristas de su obra dicen que ese primer primer libro puede compararse con los relatos más perfectos de Poe. Está narrada en primera persona y ambientada en una isla desierta. En la trama se entrecruzan el delirio, la pasión amorosa y la idea de inmortalidad. Su relato es ingenioso y está sabiamente desplegado con paciencia y precisión y, sobre todo, tiene una admirable originalidad, todas estas características han convertido a La invención de Morel en una de las novelas maestras indiscutibles de la literatura fantástica, incluso Borges escribiría en el prólogo que es una obra perfecta.

Octavio Paz la definiría como una novela que no es cósmica sino metafísica: “el cuerpo es imaginario y obedecemos a la tiranía de un fantasma. El amor es una percepción privilegiada, la más total y lúcida, no sólo de la irrealidad del mundo, sino de la nuestra: corremos tras de sombras pero también somos sombras”. Adolfo en una entrevista diría que Octavio es su amigo, pero que no entiende a qué se refiere.

“El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí”.

Muchos de sus textos han sido llevados al cine y al teatro, y sus novelas y cuentos se siguen traduciendo a numerosas lenguas. La impecable arquitectura de sus relatos y la elocuencia de su lenguaje son los rasgos más característicos de su escritura. El amor esquivo, el paso del tiempo y el anhelo de eternidad inmortal son los hilos con los que tejió su escritura, quizá por eso se le considera hoy en día cómo el maestro del cuento y de la literatura de genero fantástico.

Entre sus premios y distinciones se están el Gran Premio de Honor de la SADE (1975), la Legión de Honor de Francia (1981), su nombramiento como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires(1986) y finalmente el Premio Cervantes el año 1990.

“Leía buscando la literatura, y escribía buscando la literatura”.
“La literatura no es una imposición, es un placer”.

Una vez en una entrevista le preguntaron sobre qué le hubiera gustado ser en vez de escritor, Adolfo contestó que hubiera preferido ser jugador de fútbol o boxeador:

“boxeador me gustaba más, porque me parecía más contundente”.


Aquí les compartimos este documental sobre la vida y obra de Adolfo Bioy Casares. Realizado y producido por Ernesto Ardito y Virna Molina para canal Encuentro en septiembre de 2015. De la serie “Memoria Iluminada“.


Discurso Adolfo Bioy Casares, Premio Cervantes 1990

El escritor argentino leyó un breve discurso en el que, desde su primera línea, confiesa que quiso ser escritor tras leer “el inolvidable comienzo y todo aquel primer capítulo que nos refiere cómo era Don Quijote, dónde y con quiénes vivía”. Supo, entonces, que quería dedicarse a “contar, en tono despreocupado, historias de héroes que dejan la seguridad de su casa o de su patria y el afecto de su gente para aventurarse por mundos desconocidos”.

  1. La invención de Morel es una de mis novelas favoritas. Debemos rescatar a este escritor de la injustificada fama del “Robin” que se le tiene con respecto a “Batman” (Jorge Luis Borges).

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