Las dos clases de escritura según Henry David Thoreau

“Hay dos clases de hombres llamados poetas. Unos cultivan la vida, otros el arte. Unos buscan comida como alimento, los otros por el sabor; unos satisfacen el hambre, los otros gratifican el paladar. Hay dos clases de escritura, ambas grandes y raras. Una es la del genio, o el inspirado; la otra la de la inteligencia y el gusto, en los intervalos de la inspiración. La primera está por encima de la crítica, siempre correcta, y le da leyes a la crítica. Vibra y late siempre con la vida. Es sagrada y ha de ser leída con reverencia, como se estudian las obras de la naturaleza. Hay pocos ejemplos de un estilo sostenido de esta clase; tal vez cualquiera haya dicho algunas palabras, pero el orador no se preocupó de registrarlas. Ese estilo nos aparta de las relaciones personales con el autor; no llevamos sus palabras a los labios, sino su sentido al corazón. Es la corriente de la inspiración, que borbotea ahora aquí, ahora allá, ahora en este hombre, ahora en aquél. No importa a través de qué cristales de hielo se vea; ahora una fuente, ahora el océano discurriendo bajo tierra. Está en Shakespeare, Alfeo, Burns, Aretusa, pero siempre es la misma. La otra se domina a sí misma y es sabia. Reverencia al genio y codicia la inspiración. Es consciente en el grado más elevado y en el menos elevado. Consiste en el dominio perfecto de las facultades. Habita en un descanso como el de los desiertos, y los objetos son tan distintos en ella como los oasis o palmerales en el horizonte de arena. La marcha del pensamiento se mueve con paso cadencioso y comedido, como una caravana. Pero la pluma sólo es un instrumento en su mano, sin el instinto de la vida, como un brazo más largo. Deja una delgada capa de barniz o de hielo sobre su obra. Las obras de Goethe proporcionan ejemplos admirables de ella.”

Fragmento de: “Escribir”, de Henry David Thoreau. (1849: 375-376).

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