La llegada

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Éste es el momento más importante de nuestras vidas, y quiero prestar atención, captar cada detalle.”

Fragmento de “La historia de tu vida”, de Ted Chiang.

Imagina que una mañana como cualquier otra aparecieran doce objetos extraños sobre la superficie de nuestro planeta. Todo el mundo habla de ellos. Ves fotos y videos en las redes sociales. Los noticiarios están en vivo tratando dilucidar qué carajos están viendo. Hay pánico y caos. Están en China, Rusia, Australia, Venezuela, Pakistán, Sierra Leona y, obvio, en los Estados Unidos. Los gringos están en shock, pues el objeto que yace en medio de un hermoso valle verde y neblinoso del estado de Montana es gigantesco. Estos objetos parecen conchas de caracol de un color negro intenso (Vantablack), como si hubieran sido pintadas y diseñadas por el escultor Anish Kapoor, solo que en vez de ser objetos de arte exhibidos en un museo, son naves extraterrestres que flotan suspendidas a más de nueve metros de altura sin explicación alguna. Es más, siquiera el hecho de pensar que son naves es disparatado, pues no emiten ruido, radiación, movimiento, ni calor o algo conocido por la ciencia humana.

Ahora imagina no tener idea de qué cosas tripulan las naves, ni qué intenciones tengan esas cosas con nosotros, y menos si podemos comunicarnos. ¿Qué harías?

Este es el predicamento de la Doctora Louise Banks, una solitaria lingüista (personificada por Amy Adams) que será el centro de la historia en Arrival (La llegada, 2016), el último film de Denis Villeneuve, director de Polytechnique (2009), Incendies (2010), Enemy (2013), Prisioners (2013), Sicario (2015) y en 2017 entrenará la segunda parte de Blade Runner. Arrival es la adaptación del relato The story of your life (La historia de tu vida), de Ted Chiang, un escritor neoyorkino de ciencia ficción especulativa que hasta ahora era un total desconocido y que creó una historia fascinante acerca del poder y los límites del lenguaje.

La Dra. Banks es llevada por el ejercito gringo a una base militar posada debajo de la nave que está en Montana. Su misión: hablar de alguna forma con los extraterrestres. Imagina el propósito, el tipo de soledad que se siente cuando no puedes comunicarte con un ser querido o el hecho de que incluso hablando el mismo idioma no nos entendamos entre nosotros; ahora piensa hacerlo con algo que no tiene boca, ni ojos, ni manos. Aunque la Dra. no se encuentra sola, cada país en donde aterrizó una nave tiene sus propios expertos lingüistas, matemáticos y físicos. Pero Banks tiene un conocimiento más avanzado sobre la comunicación, sabe que para intentar hablar con alguien que no tiene el mismo lenguaje primero debe sentar bases significativas y qué la interpretación juega un papel fundamental. Es un diálogo, es traducción, es deconstrucción. Parece una película Derridiana.

Cuando la Dra. entra al bullicioso comando central, ve docenas de monitores, cada uno mostrando al representante del país en donde se posó una nave. Es el lugar donde se lleva a cabo la comunicación en video por internet y es la única forma en cómo las distintas naciones cooperan para intercambiar información sobre lo que han aprendido de los misteriosos visitantes. Juntas, tal vez, puedan tener un plan de acción cuando entiendan el propósito de la visita extraterrestre. 

Pero esta armonía dura poco. En cierto punto, los gobiernos usan el conocimiento obtenido de forma individual y comienzan a pensar en su futuro como naciones y no como humanidad, cortando toda comunicación global. Ante la incertidumbre y por el efecto dominó, todas se desconectan. Es una escena terrorífica, la pantalla de cine muestra una pantalla oscura formada de más pantallas, como cuando ves un espejo reflejado en otro espejo, pero cada una mostrando la palabra: “Desconectado”.

Arrival es quizá la película de ciencia ficción más cerebral creada a la fecha, tal vez la mejor del genero y la más misteriosa de la que se tenga memoria. Hemos leído el relato y después visto la película y no son distantes, algo raro hoy en día en las adaptaciones de la literatura al cine. En la película se acentúa lo global, el peligro de la extinción humana, el miedo y el rechazo a lo desconocido y la posibilidad de una guerra entre naciones por la supervivencia; es más lineal pero sin joder la estructura original del relato que juega con el tiempo y con la historia alterna de la Dra. Banks. En el relato de Ted Chiang la narrativa tiene un ritmo más inteligente, propio de la escritura misma, y hay más información sobre física y matemáticas, más de la condición de cómo percibimos el tiempo a través del lenguaje, más de lo extraño que es tener conciencia en medio de la inmensidad del cosmos. Es excepcional.

Y es aquí el punto a remarcar, la película está magníficamente bien lograda para ser un relato en extremo difícil de ser llevado a la pantalla. Villeneuve se muestra como un narrador experimentado, siempre de la mano de poderosas imágenes, de silencios precisos y de un montaje inteligente que no se tiende a explicar demasiado ni es condescendiente con el espectador, como es el caso de la última película de Christopher Nolan. Además su adaptación es respetuosa y sólo cambió ciertas cosas del relato en orden de agilizar la estructura de la película.

Aunque el ritmo de Arrival es semilento, le viene bien, puesto que no es una película que requiera de explosiones ni grandes efectos especiales para crear impacto en el espectador. La impresión emocional lo recrea la historia misma, que está perfectamente bien contada. Además el director hace varios guiños a otras películas de ciencia ficción, que son homenajes muy claros a Kubrick y a Tarkovski.

El poder narrativo de Villeneuve, sin embargo, no sólo surge de la propia cinematografía sino también del mensaje que envía (lo único que parece ser la mano del director sobre el relato original). En más de una forma, Arrival, es una película verdaderamente global, que abarca todo lo que es bueno —y todo lo que parece ser bueno— acerca de un mundo conectado. Y sirve como un firme denuncia a la cosmovisión aislada del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien se ha jactado de tener planes para restringir literalmente y simbólicamente el movimiento de personas e ideas entre naciones.

Para empezar, Arrival es en sí una producción global, el resultado del esfuerzo colectivo de muchas personas creativas de culturas diferentes. Villeneuve es franco-canadiense que sólo comenzó a hacer películas en inglés en 2013. Jóhann Jóhannsson, compositor de la película y colaborador frecuente de Villeneuve, es islandés. El editor de la película, Joe Walker, es británico. Y qué decir sobre el bello tema musical de la película, On the Nature of Daylight (Sobre la naturaleza de la luz del día) compuesta por Max Richter, un británico nacido en Alemania cuyo trabajo ha abarcado todos los continentes del planeta y más recientemente puede ser escuchado en la serie de HBO The Leftovers y Black Mirror de Netflix.

(Escucha On the Nature of Daylight, de Max Richter, parte del soundtrack de Arrival).

Además de todo esto, Arrival fue filmada principalmente en Bas-Saint-Laurent, Quebec. Con sus colinas esmeraldas y cordilleras antiguas, la región en el este de Canadá se situó en Montana, tan sólo a 4 km de distancia.

La película es perspicaz y hace muchas preguntas sobre el lenguaje, la memoria, la familia, pero tal vez ninguna sea más urgente que el cuestionamiento central de su argumento: ¿Cómo reaccionaría el mundo ante una amenaza existencial? ¿Debemos poner primero los intereses nacionales, o globales? ¿Y no son los dos, en última instancia, lo mismo?

Arrival no es predicadora ni política, pero es imposible no verla a través desde esa perspectiva global, dados los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el voto Brexit y la posibilidad de que otros países puedan seguir su ejemplo y aislarse el resto del mundo. La película de Denis Villeneuve sugiere que hacerlo es autodestructivo.

Justo el día de las elecciones en Estados Unidos, la cuenta oficial de twitter (@ de la película publicó esto en una imagen donde aparece la Dra Banks mostrando una pizarra con la palabra dibujada “Human” (humano): «Our world is stronger when we work together».

Nuestro mundo es más fuerte cuando trabajamos juntos. 

Esto se reduce también a lo que dice la Dra. Banks en la película: «el lenguaje es la primera arma lanzada en un conflicto». Está hablando de los alienígenas, obviamente. Si Banks dice lo incorrecto, o interpreta una palabra o una frase extraña de la manera equivocada, podría ser catastrófico para el futuro de nuestro planeta, pues sabemos a ciencia cierta que a lo largo de la historia humana el lenguaje hablado y escrito ha desempeñado un papel clave para determinar si las civilizaciones luchan o se alían. Las palabras importan. Ted Chiang y Denis Villanueve lo muestran a su manera, tanto en el libro como en la película: las palabras deben ser usadas con cuidado, deben ser pensadas y deben ser usadas para compartir ideas.

¿Se necesita una invasión alienígena para recordarnos que todos somos humanos? ¿Se necesita un conflicto de esa naturaleza para que la humanidad entienda que las palabras pueden ser armas, y además, las más poderosas de todas?

Villeneuve responde con una bella película. ★★★★★


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La historia de tu vida

Sinopsis: Una torre que se alza sobre la llanura mesopotámica hasta tocar la bóveda del cielo. Dos hombres que alcanzar un grado de inteligencia tan alto que se asemejan a dioses. La prueba de que las matemáticas carecen de sentido. Un lenguaje alienígena que permite a quienes lo leen expandir su consciencia a lo largo del tiempo. La cábala y la teoría de la preformación se combinan en una Inglaterra victoriana salida de nuestros sueños, o de nuestras pesadillas. Ante la llegada de los metahumanos, la ciencia humana se ve reducida a una nota a pie de página. En un universo donde Dios existe sin que quepa ninguna duda, ¿es posible no amarle? Y si pudieras programarte para ignorar las apariencias, ¿te arriesgarías a perder toda percepción de la belleza humana?


title750757911Ted Chiang, (Port Jefferson, New York, 1967) es un escritor estadounidense de ficción especulativa. Se graduó en Ciencias de la Computación en la Universidad Brown. Actualmente trabaja como escritor técnico en la industria del software y reside en Bellevue, cerca de Seattle, Washington. Fue galardonado con el premio John W. Campbell Jr., brilla como una nueva estrella en el firmamento de la ciencia-ficción. Con un premio Hugo, tres Nebula, un Sturgeon, un Seiun, un Sidewise y dos Locus, La historia de tu vida es un libro imprescindible.  


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