¿Qué hora es ahora?

 Tiempo de lectura 3 minutos..


Nuestro sempiterno amigo el tiempo. ¿Quién puede olvidarse de él? Lo recordamos constantemente a lo largo de nuestra cotidianidad, y los diversos relojes y calendarios esparcidos a lo largo y ancho del mundo, nos hacen tenerlo en cuenta sin cesar.

¿Pero entendemos lo que es el tiempo?

A este ingrediente de la realidad se le puede abordar de maneras muy diversas y válidas. Se nos plantea como una magnitud física por medio de la cual medimos el cambio, como uno de los constitutivos básicos de la realidad. Porque no se puede plantear una realidad sin la variable temporal. Así pues, todo lo que conforma nuestro espectro de percepción, se describe en términos de longitud, amplitud y altura; con el ingrediente final del tiempo. Si no fuera por este último, la realidad no podría sustentarse, o estaría congelada en un solo instante de existencia, sin posibilidades de cambio o movimiento, lo cual es totalmente contrario a como el universo se manifiesta ante nosotros.

Pero el tiempo es además una característica muy maleable de la realidad. La sensación de temporalidad es subjetiva. Aunque todos los seres estamos sujetos al paso del tiempo y a sus efectos, este se experimenta de formas harto distintas entre los diferentes perceptores. Por ejemplo, la percepción de temporalidad no es la misma para un insecto, como una mariposa o una mosca, que para el ser humano. Para el insecto, unas cuantas horas representan la totalidad de su existencia; en contraste, para el humano es solo un fragmento de una vida inconcebiblemente más larga. Ocho horas en términos del Homo sapiens, representan un día laboral, cuando para el insecto es la suma total de nacimiento, crecimiento, reproducción, vejez y muerte.

¿Quién percibe al tiempo de forma correcta? Ambos lo hacen, pero de forma subjetiva, lo cual crea una inmensa diferencia.

Incluso nosotros los humanos experimentamos el tiempo de forma cambiante y no rígida. Si recordamos nuestra experiencia cuando niños, al estar en la escuela en clase, el tiempo se hacía eterno y a la hora del descanso, el tiempo volaba y al voltear la cara, ya teníamos que volver al salón de clase. De igual forma, la manera en que un niño experimenta un año es muy distinta de la forma en que lo hace un adulto. Para este último, el tiempo corre más deprisa, y me atrevo a decir que entre más viejo se es, más deprisa pasa el tiempo, como una cascada que se precipita hacia el infinito. Esa es una de las razones por las cuales los adultos en general, tienden a perder menos el tiempo que los jóvenes, porque el tiempo “no alcanza”. Sin embargo, al llegar a la ancianidad el tiempo “nos alcanza” y sentimos que en un parpadeo se fueron 50 o 60 años de nuestras vidas.

El tiempo nos maravilla, nos asombra y nos hace sentir resquemor. El tiempo despierta nuestra imaginación y nuestra angustia, como lo plasman la ciencia teórica y la ciencia ficción, que hacen las delicias de este concepto para retorcerlo y hacer de él un nudo y un rompecabezas que puede provocarnos una jaqueca por su complejidad y amplitud. Todo esto se ve con claridad en las innumerables historias de viajes en el tiempo, que develan ante el espectador planteamientos casi imposibles de concebir. La relatividad nos constriñe el entendimiento con sus propuestas y la ciencia ficción hace lo suyo, en ejemplo de índole popular como las películas de “Volver al futuro”, “Star Trek” y la serie de televisión inglesa “Dr Who”, por sólo citar algunos pocos ejemplos.

Así pues, el tiempo es una sustancia magnífica, un recordatorio del cambio perenne que experimenta el universo. Y esta característica de la realidad que derriba montañas, convierte mares en desiertos y lleva a especies, familias enteras de seres al olvido, puede ser nuestra gran aliada o nuestra peor preocupación. Ya que nuestra percepción del tiempo, también está íntimamente ligada a cómo lo hemos empleado. Y se menciona hoy en día en las ciencias neurológicas, que entre mayor atención tiene el individuo, hay más sensación de temporalidad; por lo que es posible “alargar” nuestro tiempo de vida, porque somos más conscientes del paso del tiempo, y la calidad de vida mejora, ya que es más significativo lo que se hace con ese tiempo del que nos damos más cuenta. Pues la última característica que importa analizar de “Cronos”, es que pasa inexorablemente y que de un momento a otro, se nos va a terminar. Por lo tanto, tratemos de ser más conscientes de nuestro quehacer cotidiano, hacernos presentes en todo aquello que estemos haciendo y más sensación de temporalidad habrá. Esta en verdad una buena y simple receta para “prolongar” la vida que está al alcance de cualquiera.

Deja un comentario