La feliz posibilidad de hablar con alguien

Cartas a Tomás Segovia o “la feliz posibilidad de hablar con alguien”, por Nancy Hernández García. Tiempo de lectura 4 minutos.


“Todas las palabras son puentes.

Al escribirlas (o leerlas) cruzamos

de un lado del significado a otro.”

Javier Tinajero R.

La escritura es quizá el acto comunicativo que más nos une con los otros; nos ayuda a llegar hasta lo más profundo de ese otro ser —y a veces, gracias a las palabras, anidamos allí para siempre—. La prosa de carácter intimista (diarios o epistolarios) así lo deja ver.

Es justamente el carácter intimista de los epistolarios el que acerca al remitente con el destinatario —función principal de las cartas— , o con el lector; ésta es otra manera de acercarnos a la verdadera persona detrás del personaje, es como mirar en lo más recóndito de su personalidad a través de una ventana abierta de par en par.

Así, en Cartas a Tomás Segovia podemos leer a un Octavio Paz diferente al que la historia literaria —mejor dicho: la chismografía literaria— ha puesto en nuestro imaginario. En las 55 cartas que conforman el volumen se aprecia una amistad verdadera entre ambos. Aunque es una lástima que estén ausentes las cartas de Segovia; no obstante, por la ordenada disposición de la correspondencia es posible vislumbrar o imaginar lo escrito por éste, que debió ser igual de chispeante y apasionado que lo escrito por Paz.

En estas cartas (espaciadas y algunas veces breves y apresuradas por el trabajo diplomático), escritas del 1º de marzo de 1957 al 19 de febrero de 1985, el lector también puede advertir cómo las palabras crean, poco a poco, un vínculo; tendieron un puente amistoso entre los poetas, pues, en las primeras cartas Paz se dirige a Segovia con un cortés pero lejano “usted”. Desde el principio se nota el sincero afecto de Paz por Segovia, nacido, quizá, de la admiración que Paz sentía por el poeta que era el otro. De esta relación entre los poetas surge una serie de cartas que más bien parecen ríos de tinta, intensas divagaciones, apasionados monólogos sobre lo que es la poesía, el asombro por el azar y el destino, en fin, los temas tratados son muchos, casi todos; la vida cotidiana, el amor, la escritura y sus problemas, el paisaje…

Aquí podemos ver a un Octavio Paz humano, que muestra sentimientos de verdadero cariño hacia otro poeta. Hay una estrecha amistad que, como todas, pasa por todas las situaciones; desde los días felices hasta los momentos difíciles, complicados, las discrepancias y reclamos. Sin embargo, Paz dice que están de acuerdo en lo esencial: «la poesía no es como una piedra sino como una mirada» y en ambos está presente el amor por las palabras, la devoción por la poesía. También es sorprendente leer la manera en la que Paz comparte un gran sueño con su amigo: la creación de una revista literaria y crítica. A través de estas cartas uno se entera de que también para Octavio Paz hubo cosas que no fueron fáciles, por ejemplo, la realización y publicación de esa “gran revista” que planeó junto a Segovia y Carlos Fuentes tardó seis años en ser un hecho, ya que no contaba con presupuesto ni patrocinio. Muchos nombres se mencionan al respecto, pero fue la constancia y perseverancia de Paz y Segovia la que logró darle vida a Plural (una larga vida, de 1971 a 1976), que se prolongaría con Vuelta.

Uno cree que Octavio Paz (el gran intelectual mexicano, la gran figura de las letras y el Nobel de Literatura) era omnipotente, que nadie le negaba nada y más bien hacían su voluntad porque era Octavio Paz, pero no; en varias cartas expresa su batalla para lograr la realización de un sueño, su frustración cuando lo ve imposible y su coraje para combatir a la crítica que no entendía su poesía.

También aparece la solidaridad del amigo dispuesto a ayudar a Segovia cuando tuvo serias “dificultades materiales”. Escribe Paz:

29 de enero de 1965

En todo caso, como amigo, a mí sólo me toca creerte y, hasta donde yo pueda, ayudarte a resolver los problemas externos, materiales. […] En suma, dime qué te parece mi plan y hacia dónde y quién debo dirigir mis esfuerzos y gestiones…

8 de noviembre de 1966

La beca: te propuse ya a la Guggenheim. Me contestaron diciéndome que, casi al mismo tiempo, Max Aub también te había propuesto. Creo que no será difícil que te la den.

10 de enero de 1975

No te preocupes: los de la Guggenheim aún no me consultan. Apenas lo hagan, responderé poniéndote en las nubes.

19 de febrero de 1985

No sé qué decirte de lo que me cuentas acerca de tus dificultades materiales. Creí que tu puesto en Princeton estaba pagado regiamente. Si se te ocurre que yo puedo hacer algo, dímelo: lo haré.

En estos fragmentos se lee la preocupación por el amigo y la ayuda solidaria, desinteresada; Paz echa mano de todos los recursos a su alcance: recomienda a Segovia con sus amigos, trata de acomodarlo en las instituciones culturales, promueve la publicación de algunos de sus libros, etc. Hace por él lo que cualquiera haría por un amigo en estas circunstancias.

Insisto, la lectura de estas cartas limpiará (sin que ése haya sido el propósito) la imagen que tenemos de Octavio Paz. No se trata de una serie de cartas en las que Paz halague a Segovia o de autoelogio, es una escritura profunda e intensa. Estas palabras crean un nexo entre Paz y el lector, ya que acercan a su humanidad, latente en cada frase pues, externa sus proyectos, sus ideas respecto a la poesía y al poeta, a la política, su opinión sobre otros libros y escritores, su coraje cuando sus libros no fueron bien recibidos por la crítica, cuenta pasajes muy íntimos como su encuentro con Marie Jo, que cree producto del azar y del destino; por sus palabras sabemos que había amor entre ellos. Y sí, al ocupar el lugar de Segovia (como destinatario), las palabras despliegan un puente que conduce hacia ambos poetas, se da lo que Paz llamó “la feliz posibilidad de hablar con alguien […] en un lenguaje común y sin intérpretes” y se desvela al verdadero Octavio Paz: un hombre de carne y hueso, solidario, enamorado, con sueños y pasiones.

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