Ella baila pogo

Por Jorge Alejandro Llanos. Tiempo de lectura 6 minutos.


La violencia de la cotidianidad es la enfermedad que me va destruyendo por dentro. Alzo los ojitos hacia el cielo y lo encuentro vacío, hay un sin sabor constante que no me explico, del que no logro salir.  No hay fármaco que aguante ni beso que me quite el horrible sinsabor. Porque bueno, está bien, si uno siente un sabor, sea feo o rico, lo siente, pero cuando no hay nada, cuando el sabor es mero vacío ¿Qué sentido tiene todo?  La universidad, el trabajo, los hijos, el esposo, el periodo, las náuseas, el sexo, las maripositas en el estómago, el delineador, las medias, la falda, la blusa, el corsé, el blue jean, los zapatos, la moña, el arete, el brasier o acostumbrador,  la vida dando vueltas y vueltas, y yo siempre estoy dada vuelta, girando entumecida por los golpes de un enemigo invisible que no se me presenta y suele herirme solamente cuando me encuentra sola. Sin amor, con solo odio en el corazón, el pecho repleto de heridas y cicatrices y la boca manchada de veneno. Para que existe el amor si existe el alcohol. Todos son unos malparidos aprovechados que vinieron a mí en busca de gozo y hallaron el cielo para luego abandonarlo y largarse sin mirar atrás. La mala para todos, partida de hijueputas, que esta noche de Julieta no queda nada, que esta noche Juli se larga.

La banda toca los temas y el ambiente se va poniendo fuerte, pesadito, arrastrando a todos en el vórtice del desahogo. Los manes empiezan su pogo y poco a poco el circulo de cuerpos se va agrandando como una creciente, hasta que me coge a mí y yo sin mente me voy es metiendo, voleando pata a lo loco, con los brazos cuidándome la cara y las teticas, con los puños bien fuertes y las uñas hacia dentro. Para que tener mujer mi mano me da placer, yo no creo en el amor vivir solo es mejor. Salen puños, patadas, golpes con taches y maricadas que cortan, y yo las voy sintiendo por la espalda, la cabeza, los brazos. Un man me abraza y me dice que él me lleva, que todo bien, pero qué va, su codazo en el pecho y me abro de ahí, porque ese solle es mío y no pa’ compartirlo con alguien más. Me sacan del círculo a la fuerza, estos cabrones que se les dan de machos, y el combito de nenas inicia su pogo a parte. Suavecito, relajado, nos vamos poniendo de ambiente con el riff y el sonidito siniestro del bombo de la batería.  No hay afanes ni represalias, es solamente baile y desahogo. Para que existe el amor si existe el alcohol. Para que tener marido si son unos malparidos. Mando pierna, puño, brazo, codo, uña, cabeza si es necesario, dándole la vuelta a un pedazo de tierra y acompañada por diez o quince nenas que también vinieron esta noche a matarse con gusto, a sacarse la mierda con sangre, y que la sangre fluya por el suelo, que el sudor hidrate la piel y haga arder las heridas, porque solo en el dolor se halla la prueba de que se está vivo, solo en el dedo punzando la carne se encuentra la respuesta a la falta de algo, al sinsabor de todo.

La voy llevando suave cuando una mano adornada con esmalte negro se aparece por delante, como salida de las sombras, y me va agarrando del pelo pa’ tirarme al suelo. Yo para que quiero amigos si jamás están conmigo, yo no creo en el amor vivir sola es mejor. Yo reacciono y cojo a la nena que se me vino encima y nos vamos las dos para el lado derecho del pogo, en donde nos mueven con fuerza hacia el otro lado para no dejarnos caer. La nena me agarró la crestica azul y pensó que con un empujoncito iba lograr tirarme, pero no, qué va, si la fui agarrando del pelo también y comenzamos a forcejear. La malparida llevaba las de perder porque tenía un pelo hermoso hasta la cintura, que sirvió de cuerda pa’ jalarla con gusto y no dejarme. En ese momento ya todo el mundo se había retirado y solo estábamos las dos en el centro peleando. Las nenas decían que paráramos, que no nos cagáramos el ambiente, los manes miraban con morbo y yo sonreía con el alboroto. ¿Quién era esa sucia? Sin marido, sin amigos, sin amor, con mi mano y con alcohol se vive mucho mejor. Ni puta idea, pero qué carajos, yo andaba buscando con quien sacarme la mierda y esta fue apareciendo sin avisar.

Seguimos forcejeando hasta que me soltó y me lanzó la mano a la cara, pero a mí nadie me toca la cara, así que antes de que pusiera la garra yo le fui metiendo un patadón en la entrepierna, para que se agachara tantico y ahí, después de que me soltó por completo, arrodillarla en el suelo sosteniéndola por el pelo y esperando a que se cansara para dejar ya el jueguito y seguir con el toque. La arrodillé en el piso sosteniéndola del mechero largo y negrísimo que brotaba de su cabeza, y ya le iba a decir que todo bien, que la paráramos, que nos iban a mandar la tomba, cuando fue que se dio la vuelta levantándose de una manera violenta, para pasar sobre mi cuello una cuchilla de esas de cirugía, rectangular, brillante, cuquita. Yo solo vi el brillo cuando se acercaba a mi cuello y las góticas que quedaron pegadas al metal. Solo he nacido y solo he de morir, sin mujer y sin amigos es mejor vivir.  Quedé quieta, no sentí nada, ni el dolor de la cortada ni el de la vida que se iba, solo sentía húmedo el cuerpo, muy mojado el pecho por la sangre que se derramaba de una manera lenta y miedosa, esa humedad que traspasa la piel penetrando por los vellitos diminutos del pecho, como cuando uno va caminando y de momento se manda un aguacero.

En ese momento todos se encontraban prestándole atención al cantante y nadie se dio cuenta de lo que pasaba, así que la nena me abrazó, puso mi brazo sobre sus hombros, y abrazadas nos fuimos más adelante para seguir pogueando con un grupo más grande de nenas. Para qué tener mujer mi mano me da placer, yo no creo en el amor vivir solo es mejor. Siempre había sentido la sangre caliente cuando me cortaba, por aquello de que anda por dentro, pero abrazada a la nena esa, casi sin poder caminar, sentía la sangre traspasar la camisa estampada con los Adicts, meterse en el brasier diminuto y humedecer mis pezones, la piel a la mitad de las tetas, todo con un frío como el que da cuando lo coge a uno la madrugada en un parque, como el toque agresivo del peor de los olvidos, del último de los hombres.

Yo me desangraba mientras la nena pogueaba y paseaba conmigo a cuestas, y en un momento llegó otra y me alzó del otro lado, cargándome ambas con alegría y yo en la mitad sin fuerza, apenas con la vista funcionando, incapaz de gritar, viendo remolinos y erupciones de colores y sonidos que explotaban, se movían, y morían frente a mí. Al final, con la blusa llena de sangre, y unas pocas fuerzas apenas para respirar, la nena me llevó hasta una pared y me sentó con las piernas extendidas y los brazos sobre el estómago. Para que existe el amor si existe el alcohol. Para que tener marido si son unos malparidos.

Todo bien reina, que ya usted de aquí se despega ―me dijo sonriendo con un gran piercing encima de los dientes. Se levantó, sacó de un bolso que traía una botella de trago, se agachó de nuevo, me abrió la boquita y regó sobre ella un chorro largo de whiskey barato, que sentí muy amargo pero a la vez tibio, y resultó siendo una cobija frente al sereno de la madrugada que se acercaba. Después de eso me puso un cigarrito en la boca, me lo encendió, me dijo que inhalara, me pegué un ploncito con las últimas fuerzas, ella recibió el humo en su rostro y me arrancó el cigarro para levantarse, mandar una sonrisa y despedirse del lugar.

Todos pasaban de un lado a otro pero nadie parecía mirar, la música ya no sonaba y poco a poco fueron abandonando los cuerpos el sitio, la luz el espacio. Todo lo que necesito para estar feliz, todo está en mi mente y nunca se va ir. Sola, con la calidez del whiskey y el helaje de la sangre, con rastros de humo aun por los pulmones y con la herida abierta que se desangraba con la lentitud de un gotero, sentí un sabor muy dulce en el inicio de la garganta, y supe justo ahí que por fin probaba lo que estaba buscando, que por fin el sinsabor se iba.

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