Humo

Por Saúl Santana. Tiempo de lectura 1 minuto.


29-Ene-2004. Maldita fecha… pinches izquierdistas hechos gobierno, como si ellos no fumaran” insultó entre labios y neuronas nicotizadas, Alfonso, cuarentón, fumador desde hace un cuarto de siglo, mientras recordaba la fecha de proclamación de la Ley de Protección de No Fumadores.

Marlboro, delicados con filtro… Se preciaba de no fumar en las mañanas porque “eso sí mata”. Orillado, fumaba en la entrada del trabajo hasta que los gerentes, por parecer ecologistas, colocaron letreros de Edificio 100%  libre de tabaco.

Un día con viento del oriente sintió la poderosa necesidad de “echarse un cigarrito”. Podría costarle el trabajo. Un retrato en el muro de la oficina del jefe llamó su atención. El Comandante Fidel Castro sostenía un habano entre los dedos mientras lanzaba humo delicioso. Alfonso se concentró en el humo, una tranquilidad bienvenida lo invadió. Al terminar su jornada, encendió un cigarro. Otra jornada, otro impulso adictivo, el cuadro de Fidel ya era un cuadro más, ya no surtía efecto sedante. Pero a un costado había otro retrato, era del “El Che” fumando también. Comenzó a fumar el humo del cuadro del Doctor Guevara, tranquilizándose. Cada día un cuadro de una fumador hasta que se acabaron los muros. Ansias.

Comenzó a trabajar en la pantalla de su computadora laboral, en wiki encontró a Churchill, escoltado por su puro y lo absorbió. Un día no hubo fotos, ni impresas ni en la “compu”. La angustia lo volteó hacia adentro, los núcleos de sus células entraron en alerta, la angustia catalizó, liberó, la nicotina acumulada en sus mitocondrias… las huellas de humo recorrieron el cuerpo, corazón y pulmones. Otras sesiones… el humo de años se liberaba, ocupaba cada vez otras partes del cuerpo, los oídos escuchaban el crepitar de ceniza recordada. A cada liberación, en más de un sentido, Alfonso se fumaba… se gozaba, flotaba por la oficina, él era el humo prohibido. Las mitocondrias celulares se extinguían a cada exhalar sabroso. Siguieron los aparatos de Golgi como reserva de humos, cada sesión protoplasmas y núcleos aportaban y morían… hasta que Alfonso flotó, se hizo humo.


Saúl Santana

Reportero de la fuente política y cronista durante 25 años para diversos medios. Licenciado por la UAM-Xochimilco y maestro en comunicación política y social por la USB. Gusta de la aventura, bucea. Realizó una expedición a Galápagos en 2009 con motivo del centenario de Darwin. Pertenece a Casa Tíbet México desde 1998, y con ellos viajó a Asia en 2000. Actualmente es el responsable de prensa y medios.

Twitter: @ssantanah

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