La noche del genio

Por Inmaculada Vieitez Florez. Tiempo de lectura 3 minutos.


Miguel Ángel ya no es capaz de conciliar el sueño, pues ha pasado demasiado tiempo dormido: toda su vida. El terrible florentino se pasea por su casa cochambrosa a altas horas de la noche. La luna, muda espectadora, lo contempla desde la distancia, curiosa. ¿Qué le pasará ahora? Miguel Ángel da vueltas por su casa de Roma, se mesa los cabellos, se araña la cara, bufa, grita, desespera. En su mente lo ve todo claro. Los vivos colores, las figuras que se colocan, armoniosas, en el espacio. Visualiza perfectamente los músculos redondeados de sus brazos, y la peligrosa curva de cada una de las falanges de sus dedos. Sabe dónde va cada sombra y la expresión exacta de cada uno de sus rostros, del brillo blanquecino de sus ojos. El genio lo ve todo nítidamente. El rostro de Dios y su poderoso dedo. Adán naciendo de aquel impulso creador, todo perfección… Sí, ahora lo ve todo claro, pero la idea parece desterrada a formar parte de sus febriles pensamientos. ¿Verá algún día la obra terminada? ¿Podrán tocar sus dedos ennegrecidos el temple ya seco? ¿La pintura sin errores? ¿Podrán sus viejos ojos contemplar los 1000 metros cuadrados cubiertos con la fuerza de su terrible mano creadora? ¿Le alcanzará la vida para verlo? ¿O los pestilentes vapores de Roma y aquella ratonera en la que ha elegido vivir se lo impedirán? De todos modos, ¿De qué le sirve soñar con todas aquellas cosas si no sabe si su mano será capaz de esa proeza? ¿De trasladar con la fuerza de su dedo y a través de su pincel, la idea de su cabeza a la bóveda de la capilla? Miguel Ángel se agita en la oscuridad, grita y siente que el aire se vuelve espeso en su pecho antes de echarlo. Apenas puede respirar, y el florentino se apoya, cansado, en una mesa que anda coja. Sus ojos, jóvenes y ancianos, siempre con aquella chispa terrible que ilumina la oscuridad, recorren la habitación en tinieblas. En su cabeza, como si de una maldición se tratara, continúan desfilando las imágenes de su bóveda terminada. El hombre suspira y el genio se recompone. Recuerda lo que hizo tantas veces con la piedra y las proezas que habían salido de su cincel cuando trabajaba con el mármol. Recordó el asombro de todos aquellos cretinos al ver La Piedad, su Piedad, y la cara de su primer maestro cuando contempló a la Virgen que había hecho con apenas dieciséis años. Una sonrisa fugaz y rota se posó en sus labios resquebrajados, pero pronto se desvaneció, al tiempo que aquella chispa volvía a sus ojos oscuros. Poco importaban las alabanzas de sus benefactores y maestros. Poco importaba que Dios en persona estuviera impresionado con sus mármoles si él no lo estaba. Si para él nunca era lo suficientemente bueno, lo suficientemente perfecto. Poco importaba si la realidad no podía compararse con la idea que se quedaba incrustada en su cabeza, como si Dios mismo se la hubiera cincelado en el cráneo para que no olvidara lo que era la verdadera belleza en comparación con las obras que producían sus manos. Poco importaba si había estado toda la vida dormido, ignorando la verdadera hermosura e ignorando el hecho de que él jamás sería capaz de plasmarla, daba igual el material. El corazón del florentino latió con violencia y sus ojos lanzaron chispas capaces de incendiar la noche. Mientras, su mano creadora golpeaba la mesa y resquebrajaba el silencio de la casa. El aire volvía a ser espeso como el temple en su pecho y su arrugada frente estaba perlada de sudor. Gritó con toda la fuerza de su agitado corazón. Los ojos, fieros e inteligentes, observaban en la oscuridad lo que se proyectaba desde su cabeza y que nunca sería capaz de plasmar. La luna, siempre en su puesto, se quedó muda de asombro y contempló al florentino, que comenzaba a dar vueltas de nuevo por la habitación, con aquella idea fija cincelada en su cabeza. El genio no durmió más aquella noche.


Inmaculada Vieitez Flórez nació en Oviedo, Asturias, España, en 1999. Estudia en el colegio Peñamayor y cursará estudios de Derecho en la Universidad local. Escribe desde que tiene uso de razón y planea seguir haciéndolo.

@inma_vieitez

  1. Me encanta!!!👏👏👏 Grande Inma !!! sigue adelante 🙌

  2. Sublime

  3. Carmen martinez rascado

    Me ha gustado mucho, refleja la noche previa a la creación: las dudas, la inseguridad.

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