Del hollín a la tinta

Por Silvia SantipoloTiempo de lectura 2 minutos.


La novela El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, tiene como uno de sus protagonistas al Abate Faría, prisionero en el Castillo de If, desde 1811. Allí lo encuentra Edmundo Dantés, cuando él también es encarcelado. Sorteando muros y pasadizos, ambos se topan cara a cara y se hacen amigos.

El abate, al que los guardias consideran un desquiciado, relata con orgullo y satisfacción lo que ha escrito durante su prolongado encierro. El joven Edmundo queda maravillado y se pregunta cómo pudo hacerse de los elementos de escritura. Faría va enumerando sus pacientes labores para conseguir fabricar papel y plumas.

“–Pero, ¿y la tinta? –dijo Dantés–. ¿Con qué hacéis la tinta?”

En la húmeda y oscura celda, explica el abate, funcionó hace mucho tiempo atrás una chimenea. Aunque fue clausurada, no limpiaron las paredes. El anciano juntó porciones de hollín y los mezcló con el endeble vino que le servían algunos domingos.

Así, durante los tantísimos años de su prisión. Vino y hollín, hollín y vino, le permitieron escribir una particular historia y, también, el lugar exacto de un tesoro escondido en la Isla de Montecristo.

Este relato es parte de una ficción, pensada y escrita en el siglo XIX. Hoy, en el XXI, la ciencia y la química han creado tintas y pigmentos refinados, duraderos, lavables, de infinitos colores. Sin embargo, hacer tinta significa utilizar combustibles fósiles no renovables, que contribuyen a dañar el planeta.

Contrapuesto a la escasez del pobre Abate Faría, en la actualidad sobra el hollín, el que despiden decenas de autobuses diesel que circulan por el planeta. Jóvenes estadounidenses, pensadores y creativos, como lo fue el mismísimo Faría, han ideado un aparato que se coloca en el caño de escape de los vehículos y ‘guarda’ por decirlo de alguna forma, el hollín, dejando escapar los gases.

Se calcula que cada cartucho de tinta de impresora equivale al hollín que despediría al aire un camión diesel durante veinte horas de circulación. Para rellenar un bolígrafo, bastan algo así como cuarenta y cinco minutos de un motor encendido. La tinta negra producida es de muy buena calidad.

El abate Faría dejó un tesoro al joven Dantés, que le permitió rehacer su vida, ser un noble acaudalado y concretar su fina venganza. En la actualidad, reutilizar hollín contaminante para hacer tinta, es cuidar nuestro verdadero tesoro, el medio ambiente.

Fuentes:

  • Dumas, Alejandro. El Conde de Montecristo. Buenos Aires, Biblioteca Mundial Sopena, 1949. Tomo I, p. 81
  • http://miautoculiacan.com/tinta-hecha-del-humo-del-escape-de-vehiculos-a-diesel/
  • http://www.autopista.es/tecnologia/articulo/convierte-humo-coche-tinta-utilizable-video

Silvia Santipolo

Tesista de Licenciatura en Historia, lectora voraz y una feliz abuela de 56 años. Participa en grupos de lectura virtuales y de un Té Literario presencial en San Cayetano, una pequeña ciudad de Argentina. 

@LectoraPeregrin

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