El misterioso e insípido arte de escribir… online.

Por Tonatihu Blancas López. Tiempo de lectura 8 minutos..


La controversia sobre las costumbres lectoras de las diversas naciones dan de que hablar de manera permanente en distintas mesas de discusión, pues la lectura per se, está relacionada directa y automáticamente con el nivel de cultura de las naciones, lo cual posiciona (con más pena que gloria) a muchos países en lugares alarmantes según las cifras arrojadas anualmente por el INEGI.

Las anteriores cuestiones deberían, en condiciones de teórica normalidad, generar inquietud en un cúmulo de personas. Para muestra un botón, hace un par de años el 60% de la población portuguesa reportaba no haber leído un solo libro durante el 2015, dato que cuasi se repetía en España. Pero el asunto no se detiene ahí… para nuestra desgracia, un dato mayor (tanto en cantidad como en nivel de preocupación) se reflejó en México, donde 75% de su población no leyó nada el año pasado, reportando un índice de 3.8 obras leídas como media estadística, ¿qué significa esto?

México actualmente tiene una población superior a 130 millones de habitantes, de ellos: 97 millones 500 mil personas no leyeron nada durante el anterior año… ¿cómo entonces leemos 3.8 libros al año?… sencillo, los 32 millones 500 mil habitantes restantes, leen en promedio (algunos muchos más y otros muchos menos, nuevamente la bendita y maquilladora media aritmética) quince libros durante doce meses, lo que da un total de 487 millones 500 mil libros, y tomado el dato de la población nacional en su benévola totalidad obtenemos el nada honroso número de: 3.8 supuestas o-bras le-í-das por me-xi-ca-no al a-ño.

El dato resulta humillante, sobre todo en una nación que se jacta de tener una población que es 97.2% alfabeta, y resalta la gran indiferencia poblacional así como la falta de hambre cultural, para tal efecto surge una pregunta de fondo: ¿qué razón existe en saber leer si no se lee? Una maquinaria que no se usa, invariablemente se oxida.

Ante tan poco alentador panorama como testigo de nuestras angustias lectoras, nos debemos enfrentar a nuevos retos; la debacle que vive hoy día la labor del escritor. Si la de leer es letra muerta en millones de casos, la de escribir recibe oídos sordos… en este caso ojos ciegos. Con la prolífica labor de la lectura digital, la impresión de obras se vio desventajada (sí, aún se pudo ver afectada y disminuida).

La noble (y cada vez más pisoteada) labor del escritor comenzó a ver lejana la dorada época en la que la reputación del artífice y profesional de las letras se emparejaba con su status económico, y no tuvieron sino que continuar haciendo de ésta una labor por mero “amor al arte”.   

Publicar un libro hoy día encuentra un sinfín de complicaciones, abundan los nombres de casas editoriales y lograr que alguna de ellas ponga los ojos sobre la obra que con desvelos y muchas veces arranques de frustración cada autor vierte su pluma, es digno de devanarse los sesos. En caso negativo siempre está la opción de buscar otro tipo de estrategia; auto gestionar (costearse) los gastos de publicación y distribuirla por ‘cambaceo’ aunque los costos suelen ser elevados, sobre todo si apenas se comienza, aunado a ello hay que lidiar con atrapar al mercado potencial, dirigirse a un target redituable y adquirir status. En cualquier caso la labor es titánica y complicada, pero los escritores, con la férrea convicción apuestan y anteponen como título de crédito su talento, regalando cada año una multicolor pasarela de libros exhibidos en los escaparates de librerías, tiendas comerciales, negocios varios, páginas en portales, etc.

No obstante el viacrucis, nuevos obstáculos se presentan permanentemente en la vida del escritor, ejemplo de ello es la proliferación de sitios web que ofrecen implacablemente las diversas obras en formatos electrónicos de manera gratuita. Es común más no legal, encontrar en la red gran cantidad de obras en todo tipo de formatos (.pdf, .ePub, .ePub3, .mobi, .pcr, .azw, .azw3, .tpz, .fb2, .dbt, .opf, .txt, .doc, .docx, .rtf, .pml, .cbr, .cbz, etc.) o en su defecto, también abundan los programas online que ayudan a convertir dichos formatos, prestos y disponibles para ser descargados.

Esto sólo continúa metiendo el dedo en la llaga del escabroso y siempre difícil camino de la práctica escribana, y pese a ello continuamos (quienes somos asiduos y esclavos de las letras) siendo testigos con beneplácito de la publicación constante de muchas obras, los autores se mantienen firmes y ciertos que sólo así se logra trascender y verterse en la líttera.

Algunos creen que continuar haciéndolo es aferrarse a un clavo ardiendo, y claudican en la lucha en corto, sin darse oportunidad de dejarse ir entre textos, de volar y transformarse alimentándose de ello, el escribir; el hacerlo en serio, tiene más de cosmogónico que de técnico, la letra compromete, lo compromete a uno con el universo.

Si bien es cierto que el que escribe lo hace para ser leído, para que alguien más absorba parte esencial del espíritu de quien crea, también lo es que, lo hace para liberarse de sí, de sus fantasmas, de su pasado, para vaciarse, convidar aquello que le ronda la mente noche y día y necesita escapar ya sea en forma de tinta o de pantalla.

Aducir lo anterior no redime mínimamente la situación en crisis por la que atraviesa la grandilocuencia de las muchas y variadas plumas, pero tampoco es como que se vean intimidadas y alejadas del objetivo creador y recreador que les transporta entre los linderos de la realidad física y la realidad acondicionada. Se postulan y mantienen como precursores kamikazes extendiendo poderosas brazadas para continuar avanzando, dando y acertando una vez sí y otras varias no, codazos y empellones con ambos hombros en el mar contracorriente que inunda el mercado literario.

Llegando a este punto, habrá lectoescritores que se sientan abrumados ante la perspectiva, que recapitulando sería: enfrentarse a los problemas reales para terminar de escribir, centrarse y elegir un target, ser aceptado por el público lector, encontrar editorial, lograr promocionar y vender las obras, trascender, darse cuenta que se es vulnerable a encontrar su obra digitalizada y difundida en formato electrónico y de manera gratuita en la red.   

Pero la cosa no para ahí, para terminarle de poner la tapa al pomo (por si se pensara que la labor no hubiese sido vilipendiada lo suficiente), en la actualidad se ha tenido que lidiar con un obstáculo más, quizá muchos lo vean como una bondad y muchos otros como una maldición: la intromisión o invasión de las redes sociales y las siempre mentadas y recurridas apps, y no como reluctancia a su uso y su benignidad de amplio espectro… sino en cuanto al mal uso y abuso que de ellos se hace. Para evitar ser lapidado con la crítica mal orientada, me dirigiré al punto medular sin pretender insinuar en la mente de nadie un mensaje tergiversado, he de explicar mis intenciones sin dejo alguno de voluntad malsana.

A mi favor y para ganar la pleitesía del respetado lector he de recordar lo ocurrido con el boom del e-mail, en un principio se dijo que nunca lograría sustituir el uso de las tradicionales y siempre emocionantes cartas (sólo quienes hemos tenido el privilegio de escribirlas, acudir a la oficina de correos, comprarle un timbre postal, pegarlo muchas veces lamiéndolo directamente y enviarla, sabremos con precisión a qué me refiero), conforme pasaron los años fuimos quienes sepultamos al correo tradicional, esclavizándonos al uso del sistema de la arroba. Ya no hay mayorías que recuerden e intenten hacerlo a la antigüita.

Durante la última década se han desarrollado aplicaciones… miles, pero en esta ocasión abordaré la esencia de una en particular, misma que ha permitido a los usuarios dados de alta sentirse inmersos en la jamás simplona y siempre celosa labor del escritor. Les hace asumirse escritores consumados. Se ha popularizado y encabeza el listado: wattpad. Aplicación que ha vendido la idea que escribir y publicar es tan insulso como postear una foto o copiar y pegar un meme, y no digo que todo lo ahí ‘colgado’ sufra ese tipo de suerte pues hay algunos, quizá demasiado pocos para los más de 40 millones de usuarios, que logran trascender a niveles de publicación y difusión, llamémosles ‘garbanzos de a libra’ sin desestimar que muchos de éstos ya traen tablas literarias y de redacción. Hay escritores serios o preparados que también usan el portal, pero como he mencionado antes, son los menos, en general si alguien se atreve a ser usuario de wattpad (confieso haberlo hecho para corroborar mi dicho) verá que o bien hay obras completas registradas con derecho de autor, sin los permisos correspondientes y sin ningún tipo de restricción o en su defecto la mayoría de lo publicado carece de calidad estética, ortográfica, en historia, giros, sentido de congruencia, entre otros. Abundan las historias repetitivas y se caracterizan por la poca calidad literaria… si es que hubiera alguna en su gran mayoría.

Hay algunas editoriales que se inclinaron por unos cuantos autores de dicha aplicación y les han publicado las obras, lo que genera la falsa idea que cualquier usuario que escriba en la plataforma tiene la calidad de escritor y merece asumirse como tal (la mayoría de ellos adolescentes) pese a que muchos de los títulos entran en la categoría de nimiedades que enganchan a un público que se mueve más por la cantidad de seguidores que por la calidad de los productos, y les tienen avasallados con las entregas dosificadas para ser dignos de la inclusión y del follow de los demás usuarios.

Abaratar de tal manera la literatura resulta un crimen a todas letras, de seguir así la cosa tendremos próximamente autoproclamados premios nobel en materia de literatura digital de redes sociales en su modalidad de Grupos de whatsapp.

Mientras eso ocurre habremos de pugnar por dignificar la noble y profesional labor del escritor y su obra por sobre todas las cosas… de lo contrario tendremos que esperar a que Ray Loriga, Xavier Velasco o Svetlana Aleksiévich comiencen a subir sus novelas por entrega en la aplicación cada semana, escriban llenos de clichés, se vuelvan ‘popus’ por su número de followers, sean booktubers, hagan booktrailers y ganen este año su premio Watty… ¡tantita madre!


Tonatihu Blancas

Hasta 1999 estudió la licenciatura en Biología en la Fes-Iztacala, pero la huelga le obligó a abandonar y a realizar cambios de fondo. Es biólogo frustrado más no deprimido.

Posteriormente estudió la licenciatura en Periodismo, y más recientemente la licenciatura en Derecho, actividades que desarrolla de manera intermitente. ¡Habrase visto tal combinación!, sin mencionar la Maestría en Docencia basada en Competencias  que cursó pues desde 2004 y a la par de sus actividades profesionales se desempeña como servidor público adscrito a la SEP.

Realizó estudios de doblaje de voz en Allegro Servicio Publicitario de Love Santini y trabajó realizando loops bajo la dirección de Juan Carralero.

Trabajó como editor y reportero para la extinta Tele10 México de Ecatepec Estado de México.

Colaboró en 2014 con la televisora australiana Seven Network, para el programa Sunday night en la elaboración de un reportaje que retrata las tradiciones mexiquenses.

Apasionado de la lectura y de las letras, publicó su libro “El fuego de la vida” en 2017.

  @beranitt

  1. Antonio Reséndiz

    Indudablemente es una reflexión exacta de lo que acontece en el mundo de las letras, de cómo se ha malbaratado y ridiculizado la obra y obviamente al artista. No podemos, ni debemos colocar en la misma canasta a un escritor premio Alfaguara con un poco diestro usuario de wattpad.

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