Perfil de Virgilio Piñera

Por Nancy Hernández García. Tiempo de lectura 5 minutos.


Virgilio Piñera es un escritor víctima del pseudoanonimato, muy pocos han tenido el placer de leer alguno de sus cuentos o poemas…

Virgilio Domingo Piñera Llera, nombre completo del escritor, nació el 4 de agosto de 1912 en Cárdenas, Cuba:

Juzgo innecesario declarar el año de mi nacimiento. Se cita el año de llegada al mundo cuando se pertenece a un país donde, en el momento en que se nace, algo ocurre –ya sea en el campo de lo militar, de lo económico, de lo cultural… En tal caso la fecha tendría un sentido. Cuando en 1912 yo vine al mundo, acabábamos, como quien dice, de salir del estado de colonia e iniciábamos ese triste recorrido del país condenado a ser el enanito irrioso en el valle de los gigantes.

Hijo de un modesto matrimonio, el padre era secretario de la Junta de Educación y luego administrador del Acueducto de Cárdenas, y su madre, maestra de una escuela pública; le tocan años difíciles, pues entre 1918-1920 con la “Danza de los millones”, su padre, como mucha gente, pierde todo el dinero que había hecho con negocios del azúcar y, por si fuera poco, Alfredo Zayas toma la presidencia de Cuba y rebaja el sueldo de los maestros, llegando a debérselos. Ante esta situación, la familia se muda a Guanabacoa, con ayuda de amigos, y el padre intenta negocios como la fabricación del vinagre y de velas; ambos fracasaron. La familia de Virgilio vivía en la pobreza, causa por la que el escritor padecía una grave  desnutrición:

De todos mis enemigos el más encarnizado ha sido el Hambre. No es que sea un comilón y hasta podría decir que comer no me apasiona. Pero me gusta vivir. Y en todo momento el Hambre se ha propuesto matarme. Tal avieso designio dio por resultado que en el curso de mi vida me viera en la necesidad de sostener encarnizados combates con ella. De acuerdo con la desnutrición imperante en mi familia, apenas si mi cuerpo pesaba unas ochenta libras [cuando tenía 20 años]; para colmo, me daban unos ataques: unos decían que yo era epiléptico; otros afirmaban que se trataba de un hindú que se había apoderado de mi espíritu… Los dejaba hablar, pero estaba convencido de que era el Hambre la autora de mis ataques.

Estas palabras destrozan el corazón; seguramente por estas circunstancias el carácter serio de Virgilio se tornó provocativo, pues mantenía una lucha constante con el hambre, la peor de todas las dificultades.

Desde pequeño fue muy unido a su hermana mayor María Luisa, con quien jugaba a la casita y a las muñecas. Fue inteligente y sacaba buenas notas, pero no era un alumno brillante. Odiaba la escuela. Tampoco le gustaba actuar, pero sí declamar poesía. Aunque en la infancia se inclinaba por juegos de niñas, fue hasta la adolescencia cuando descubrió y asumió su homosexualidad, razón por la que años más tarde sufriría persecuciones por parte del régimen de Fidel Castro y constantes ataques de José Lezama Lima, quien ocultaba su homosexualidad y condenaba la de otros.

No bien tuve la edad exigida para que el pensamiento se traduzca en algo más que soltar la baba y agitar los bracitos, aprendí tres cosas lo bastante sucias como para no poderme lavar jamás de las mismas. Aprendí que era pobre, que era homosexual y que me gustaba el Arte. Lo primero, porque un buen día nos dijeron que «no se  había podido conseguir nada para el almuerzo». Lo segundo, porque también un buen día sentí que una oleada de rubor me cruzaba el rostro al descubrir palpitante bajo el pantalón el abultado sexo de uno de mis numerosos tíos. Lo tercero, porque igualmente un buen día escuché a una prima mía muy gorda que apretando convulsivamente una copa en su mano cantaba el brindis de «Traviata».

Cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, pero no hizo tesis de grado, aunque sí las escribió para algunos compañeros, porque no le interesaba el magisterio:

Combatí con uñas y dientes contra un firme propósito de mi familia: hacerme profesor. Armado hasta los dientes, me dispuse a pelear contra el profesor que se me echaba encima. Ahora bien, como el hambre apretaba, tuve que hacer el maestro particular en varias ocasiones. Cosa de poco tiempo; yo mismo me encargaba de que me echasen. Recuerdo a mi alumna Esther. En su casa me tenían en palmitas. Pues un día le dije: «Mira que eres fea, le metes susto al miedo. Y además, eres bruta». Ella se echó a llorar. En  otra ocasión, un amigo me rogó que los sustituyera por una semana en la clase de cuarto grado (Escuela Pías de Camagüey). Cuando me enfrenté con los alumnos les dije: «Pueden hacer todo cuanto quieran: tiren bolitas de papel, armen escándalo, derramen la tinta…»  Pero me vi obligado a estudiar la carrera de Filosofía y Letras con vistas al profesorado. Cuestión que eludí hábilmente al no hacer la correspondiente tesis de grado.

Fiel a su peculiar modo de ser, dijo que la literatura no es más que un chisme colosal:

Uno de mis caballos de batalla ha sido el combate contra la discreción. Lo cual equivale a confesar que me encanta el chisme. Ahora que ya tengo muchos años, que el chisme no paga, por cuanto ya uno no vive en un pueblo de provincia, no practico tan noble arte. Ahora los escribo. La literatura no es otra cosa que un chisme colosal.

Y sobre la escritura como oficio:

Ya en La Habana empezó en forma mi eterno combate contra la escritura. Porque no se lucha por la escritura sino en su contra. Desconfiar de aquellos escritores que afirman encantarle la literatura. Llegar a dominar la escritura; obtener esa alquimia de entrarla en la corriente sanguínea de nuestro cuerpo, es el combate que todo escritor debe plantearse. Escribir simplemente es un oficio como otro cualquiera; en cambio, escribirse uno, he ahí el secreto.

El creador y su obra:

¿Cómo definiría usted su obra?

En el sentido de la escritura, una labor acumulativa. Es cuestión de ir acomodando palabras, las que según el acierto o desacierto, darán o no la obra literaria.

Pese a todo fue un prolífico escritor:

  • Poesía: La isla en peso y Las furias

Su etapa juvenil fue de poesía lírica.

  • Cuento: Cuentos fríos, Cuentos

“Lo real, lo enigmático y lo absurdo suelen conjugarse en sus relatos, que rompen con todas las normas tradicionales del género. El cuento es el pequeño gran mundo de fantasía, en donde mejor aparece el genio creador de Piñera.”

  • Novela: La carne de René y Pequeñas maniobras

“Como novelista, su obra suple lo deficiente del género que ofrece su generación.”

  • Editó dos números de la revista Poeta
  • Traductor de inglés y francés
  • Teatro: Electra Garrigó, Jesús, Dos viejos pánicos, Clamor en el penal

“Sobresale como innovador del teatro: funde su fantasía personal y su sensibilidad con influencias literarias del momento, y crea un teatro que significa el advenimiento de una nieva etapa en las especies dramáticas que cultiva. Su teatro comprende además lo social, y se caracteriza por su trascendencia, su sarcástica intención, su síntesis de fantasía y realidad.”

Su última blasfemia:

“Entre todas las desgracias que me han tocado, también me va a tocar la de morir de noventa años. Sabes lo que pasa, Abilio, que yo soy inmortal.”

Falleció  el 18 de octubre de 1979 en La Habana, a causa de un ataque cardíaco, horas después de haberse declarado inmortal. Sus restos fueron enterrados en el Cementerio de Colón. Varios años después los exhumaron. Su hermana María Luisa decidió que descansaran definitivamente en el cementerio de Cárdenas, donde él nació y donde están enterrados sus padres.

Esta fue la agridulce vida un gran escritor cubano, injustamente castigado con el olvido. Si alguna vez se topan con uno de sus cuentos, poema o novela, no duden en leerlo.

Deja un comentario