Saudades place

Por Alicia González Castro

Fotografía: Chicago Midway Airport – Cloud Room Dining 1952

Tiempo de lectura 3 minutos.


Me encanta todo lo que fue

Todo lo que ya no es

El dolor que ya no me duele

La antigua y errónea  fe

El ayer que el dolor dejó

Lo que dejó alegría

Sólo porque fue y voló

Y hoy es ya otro día.

Saudade, Fernando Pessoa

De unos años para acá, los aeropuertos se han vuelto hospitales de salud mental o capillas de tristeza donde se trata de curar el saudade, que en portugués quiere decir una nostalgia alegre, considerada por el escritor Manuel de Melo como un bien que se padece y un mal que se disfruta.

¿Por qué? Simple. A distancia se piensa que cualquier cosa es posible. Si surcar en las nubes es una realidad, gracias a la teoría de Bernoulli, resetear el movimiento de neuronas que marcha en contra de uno mismo, también.

El asombro alimenta al alma con la embestida de nuevos horizontes que vienen a transformar el sentido de la existencia. Nuevos paradigmas se incorporan en la memoria de los sentidos: El pulque de guayaba en el centro histórico de Querétaro refresca la garganta, las tortas de tamal de la Ciudad de México muerden un apetito improvisado, los callejones de Guanajuato y sus coloridas paredes alimentan la vista de alegría y nos lleva a caminar más para descubrir.

Como si fuera parte del nosocomio de la nostalgia, un viewmaster se postra frente a nuestros ojos y la memoria sucumbe a los recuerdos de paisajes distintos en cada cuadro del disco: Carreteras tapizadas de cerros llenos de arbustos corrugados, ciudades de callejones coloniales con ventanales enrejados que invita al transeúnte a acercarse y ver la lluvia torrencial, como un espectáculo mágico adicional a su estancia.

Caminar en las escaleras sin rumbo del jardín surrealista de Edward James y sus cimientos que andan en veremos, transforman una columna en un tronco y la experiencia mezcla  musgo con vegetación artificial.

Pero nada es eterno y todo saudade comienza al no poder seguir en el limbo de las distancias y diferencias entre el lugar de origen y el destino explorado. Esa nostalgia alegre comienza a manifestarse al poner los pies en el aeropuerto del destino visitado y repasar los golpes de la realidad o las caminatas atravesando la naturaleza.

Las calles no son iguales. A una ciudad también se le puede extrañar con una opresión en el pecho e imágenes pasando por la cabeza ¿Cómo sentir ese mal que se disfruta?  Memoria y comparación, una despedida que se posterga en cada estímulo que se cruza. El concreto de las calles que se burla de los pasos y la basura como arte instalación, el adobe de cantera rosa que flirtea a cualquier transeúnte, las plazas que en lugar de locales comerciales, gozan de kioscos y árboles.

Lo único que no se extraña es la diferencia de horario. De norte a sur, el traslado roba dos horas y la vida transcurre por adelantado, mientras los sabores son tan dispares que lo agridulce queda en término medio y la excentricidad le da vida al paladar.

Cuando se regresa, saudade se vuelve compañero de los más sensibles, ellos no se dan cuenta porque lloran y sienten un vacío de repente, como si masturbaran el dolor con la reminiscencia de estar frente a un cuadro de Renoir, una fotografía de Brassai o cualquier obra de la naturaleza o maravilla arquitectónica que deleita los sentidos y provoca el anhelo de trasladarlos al lugar de residencia.

Saudade se impone porque la naturaleza inspira a agitar la rutina, exhalar los males y lanzarlos a la dimensión de las posibilidades, como sentir la ambivalencia de la nostalgia en forma al alegre, incluso tener el impulso de mudarse y abandonar todo. Si bien lo dijo Falabella lo que más duele es la saudade y la de una ciudad duele harto.


Alicia González Castro 

Tijuana BC. Licenciada en Comunicación por la UABC. En 2010 publicó su primer poemario, Inventario de ilusiones con el sello editorial, Existir. Ha publicado en revistas culturales e independientes en México, Colombia y España como: TijuaNeo, Existir, Acequias, Frontera Esquina, Zarabanda, Literariedad, Negra tinta, entre otras.

Asimismo ha compartido su trabajo artístico en antologías poéticas como: Somos poetas ¿¡y que?! De Honda Nómada Ediciones y San Diego Poetry Annual 2011 y 2012, 2013, Por todos mis amigos y Migraciones de Arte Buhonero Ediciones. En 2013 lanzó su segundo libro de poemas: Random Poemas para leerse en desorden con la editorial Cantarsis y fue publicada en la revista Monolito y Tijuana Poética.

Fue también columnista literaria del portal Sin Embargo, colaboradora del periódico El sol de Tijuana, así como Fin de semana, filial del periódico San Diego Union Tribune. Actualmente es docente en nivel medio superior y colaboradora del suplemento cultural Identidad del periódico El mexicano, así como el portal de internet: Cultura Colectiva donde publica ensayos literarios.

 @taciturnafeliz

  1. silvia gonzalez

    Viajar es conocer y enamorarse del lugar, de la comida, ambiente, y los mejores paisajes , aromas, momentos se guardan en el corazón siempre. viajar es una colección de recuerdos que siempre vivirán!

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