Virgilio Piñera, precursor del absurdo

Por Nancy Hernández García. Tiempo de lectura 9 minutos.


Toda la gran literatura ha sido siempre alegórica,

y alegórica de una visión del universo en su conjunto.

G. R. Chesterton


Virgilio Piñera es todo un personaje, tan o más raro que los que él mismo creó. El escritor cubano es muy completo, y tiene en su haber: poesía, novela, teatro, cuento y traducción. En cada género imprimió su sello personal: el absurdo, una forma de humor que, “para los escritores hispanoamericanos, es un mecanismo de defensa para no sucumbir ante un mundo irracional creado por dictaduras, revoluciones, matanzas y la deshumanización del hombre moderno”. 1

Leyendo la obra de Piñera en contexto, es decir, situándola entre 1936-1979 2, podemos entender que justamente de un modo irracional pudiera sobrevivir lúcidamente a la Revolución Cubana y al hostigamiento hacia su persona por ser homosexual en una sociedad marcadamente machista, además de hipócrita, pues se sabe que Lezama Lima también era homosexual pero a diferencia de Piñera él no sufrió este perseguimiento porque pertenecía a una clase acomodada, además de que guardaba las apariencias y era sumamente discreto.

Virgilio Piñera es un precursor del absurdo latinoamericano, he ahí su aportación vanguardista no sólo a las letras cubanas, sino a la literatura universal. Hizo uso de esta corriente moderna en toda su obra, en la poesía es visible aunque el tema sea amoroso. Respecto a la novela, se dice que fue de los pocos autores de su tiempo que escribieron bien; el teatro fue el gran escenario en el que proyectó su genialidad innovadora con obras como Electra Garrigó, considerada por la crítica como “el verdadero comienzo del teatro cubano moderno”; Dos viejos pánicos, que recibió el premio Casa de las Américas 1968 y Falsa alarma, una de las primeras muestras del absurdo que además fue anterior a La cantante calva, de Ionesco. Sin duda, se trata de un escritor adelantado, ya que él fue quien sembró la semilla del absurdo (por lo menos en Latinoamérica), aunque el dato proporcionado sobre la pieza teatral de Ionesco, me hace pensar que el absurdo no es sólo un “mecanismo de defensa” sino un modo de vivir, una ideología o hasta una religión. Para Virgilio Piñera el absurdo es más que una realidad alternativa, es la realidad vista con las gafas correctas.

Sin embargo, el cuento fue el género en el que más destacó por narrar con humor negro sin perder de vista la línea del absurdo. Es ahí donde lo real, lo enigmático y lo absurdo se conjugan, dando como resultado la ruptura con las normas tradicionales del género; a pesar de la mezcolanza los cuentos no son complicados ni aburridos para el lector porque se trata de situaciones sencillas y hechos precisos, lo único que le importa es tener un pretexto para contarnos una historia o chisme, como él solía llamarlos.

La posible explicación para la vocación absurdista de Piñera es que:

Hay dos maneras eternas e idénticas de contemplar este crepuscular mundo nuestro: podemos verlo como un ocaso o como un amanecer; […] podemos verlo como un descendiente o como un ancestro. Hay ocasiones en las que nos abruma, no tanto el peso de la maldad como el peso de la bondad humana, y en las que sentimos que no somos más que los herederos de un humillante esplendor. Pero hay otras veces en las que todo nos parece primitivo, en las que las estrellas nos parecen chispas de la hoguera de un niño, […] 3

Lo anterior nos ayuda a entender la literatura de Piñera, pues, finalmente, la obra literaria no es otra cosa que el punto de vista de los escritores y Chesterton nos plantea dos maneras de contemplar el mundo, y, al igual que Carmen L. Torres, dice que el humor es un mecanismo de sobrevivencia.

“En el insomnio”, cuento muy breve, plantea una situación ordinaria de manera extraordinaria.

En el insomnio

El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

Virgilio Piñera nos sitúa desde la primera línea, no adorna para nada la situación de la que nos hablará y comienza a tejerla, obviamente el lector queda atrapado, y nos causa risa que el pobre hombre no pueda dormir y haga de todo, pero esto va más allá, tanto que en su desesperación el hombre se da un disparo en la cabeza y aún así no logra conciliar el sueño.

Aquí se habla del insomnio con un finísimo humor negro, característico de Piñera, y el humor negro tiene dos modalidades predominantes: el absurdo y el humor grotesco. En el cuento es evidente el absurdo y el gusto del autor por el concepto de la incongruencia que consiste en conjugar elementos como “lo natural y lo fantástico, lo cotidiano con lo absurdo y lo trascendente con lo trivial”. El insomnio es un padecimiento cotidiano para muchas personas, obviamente no es algo cómodo ni una situación agradable porque de algún modo se tiene que logar dormir. Hasta aquí todo es normal en el cuento y no tenemos objeciones, pero el hecho de que el hombre se dispare y no logre dormir es totalmente absurdo y es justamente eso lo que VP quiere que notemos: “El insomnio es una cosa muy persistente”, ésa es la línea final, la que nos revela la verdad y nos quita la risa puesto que aunque VP echa mano del humor, seguramente no tiene la intención de divertirnos y sacarle carcajadas al lector sino despertarlo; lo único que hace es darnos el acceso al mundo real a través de su lucidez.

En el cuento “La caída” sucede lo mismo, inmediatamente mete al lector en la situación. La narración comienza casi en el clímax de la historia, cuando creíamos que ya no podía subir más, y la voz narrativa nos cuenta que él y su acompañante subieron a la cúspide de una montaña así, sin ninguna razón y luego caen, pero lejos de ser una caída aparatosa y dramática se convierte en un espectáculo de diversión. A los personajes sólo les interesa mantener, a uno su hermosa barba gris y al otro sus ojos; pero  los adjetivos con los que califica el terrible suceso no son los adecuados para un caso como este pues, conforme van cayendo van perdiendo partes del cuerpo hasta quedarse únicamente con las manos, ambos, y sus preciados tesoros: la barba y los ojos.

Este cuento está impregnado totalmente de humor negro, con todo y sus dos modalidades. El absurdo aparece al principio, cuando se nos dice que los personajes subieron una montaña sin ningún motivo: “Habíamos escalado ya la montaña de tres mil pies de altura. No para enterrar en su cima la botella ni tampoco para plantar la bandera de los alpinistas denodados”. Y el humor grotesco porque el narrador es indiferente a lo que está pasando, es decir, en ningún momento habla de sentir algún dolor por el desmembramiento de su cuerpo ni tampoco lo siente su compañero.

En este tipo de humor (grotesco) “existe una obsesión por el cuerpo, con las formas en que éste puede ser distorsionado, mutilado y separado en las partes que lo componen. La incapacidad del cuerpo para mantener sus proporciones, la exageración o distorsión de sus partes, acompañado por la indiferencia de los personajes o el narrador […]”. Lo cual es aún más evidente en el cuento “La carne”.

En “La carne” más o menos nos da un indicio de lo que detonó la situación del cuento, existe un motivo para la historia que nos será contada a diferencia de los cuentos anteriores. Por alguna razón en un pueblo se terminó la carne y la gente buscó resolver el problema, encontrando como solución perfecta practicar la antropofagia, pero de un modo aún más severo porque no se comían al otro, sino a sí mismos. El señor Asnaldo fue el de la idea; dio una práctica demostración en la plaza y pronto todas las personas comenzaron a hacer lo mismo, hasta que comenzaron a desaparecer devorados por su propia boca. Pero al irse comiendo por partes, un personaje pierde el oído porque se había comido las orejas, el gordo terminó su ración de carne antes del tiempo calculado, las mujeres se comieron sus senos y dejaron de cubrirse el tórax y el bailarín hizo un espectáculo del modo en que se comería el dedo gordo del pie, que era lo último que le quedaba.

Este cuento es el más fuerte tanto por la historia que se nos cuenta como por la intertextualidad, que es crítica social hacia las costumbres culinarias. Para empezar, VP era vegetariano y es bien sabido que debido a la pobreza de su familia rara vez comían hasta quedar satisfechos; además, la carne es un alimento casi para un sector privilegiado por su costo y a los vegetarianos les tiene sin cuidado. La carne es un símbolo, representa el objeto que va a criticar: costumbres culinarias; puesto que estas personas están tan acostumbradas a comer carne no piensan en comer verduras, por ejemplo, para solucionar el problema de la falta de carne y prefieren mutilarse para saciar su apetito o gula.

Una interpretación de este cuento podría ser que se trata de la crítica de la crítica, es decir, Piñera nos habla del “comerse a sí mismo”, que bien pudiera ser el acto de la autocrítica, ver los propios defectos y trabajar en ellos hasta desaparecerlos.

Virgilio Piñera nos muestra otra cara de la moneda, quizá desconocida o ignorada a propósito, y nos dice que la literatura del absurdo nos ofrece su propia versión del cosmos, que el mundo no es sólo trágico, romántico o religioso, también es absurdo.

Sí, es muy cómica la manera en la que nos enfrenta a estas situaciones, pero, ¿de quién o de qué nos reímos?, ¿de los personajes o en realidad nos estamos riendo de nosotros mismos sin saberlo? Según Baudelaire, “la risa viene de la propia superioridad, es una ‘idea satánica, como ninguna’”  y tiene toda la razón pues, nos reímos de ellos, de los personajes, del otro pero nunca de nosotros mismos porque no es agradable estar en una situación bochornosa, en cambio estar fuera, como espectador, resulta divertido, gracioso, hilarante. Nos sentimos superiores al otro cuando es él quien se cae. Es lo que Freud llama “el triunfo del narcisismo” en el humor.

Los cuentos de Piñera no son sólo para pasar el rato y ya, son, como lo es la literatura en general, para leer entre líneas y captar los mensajes cifrados, para hacernos personas conscientes de los problemas sociales por los que atravesamos, que no son nuevos, la humanidad viene arrastrándolos desde la antigüedad y se agravan. La literatura es un medio para humanizarnos.

Virgilio Piñera lleva al lector casi de la mano, de modo que al principio nos causa risa, hasta carcajadas, pero en el momento crucial, cuando llega a donde quería llevarnos inmediatamente dejamos de reírnos, porque la anestesia deja de hacer efecto cuando lo vemos en la realidad, cuando la fantasía y lo cotidiano se separan. Visto así, es más o menos comparable con una cirugía: si durante una intervención quirúrgica el paciente estuviera plenamente consciente y no sedado, de ningún modo podría ignorar el dolor. En el cuento el ejemplo más claro es el hecho de que las mujeres se coman sus senos, algo terrible, es un atentado contra la femineidad porque tener senos es parte (importante) de ser mujer. Es muy común ver a mujeres que pierden uno o ambos senos a causa del cáncer y el drama que eso representa, el verse mutiladas y casi sin identidad femenina: un suceso totalmente traumático. Y el bailarín, que deja sus pies para el final; nuevamente estamos ante el mismo drama: para un bailarín, en esencia, las piernas y los pies son importantes porque es lo que lo caracteriza, es su identidad como artistas del baile.

Virgilio Piñera es un escritor al que definitivamente tenemos que leer alguna vez.


Notas:

  1. Carmen L. Torres, “Introducción”, a La cuentística de Virgilio Piñera: Estrategias humorísticas, Madrid, Pliegos, 1989 (Col. Pliegos de Ensayo), p. 13.
  2.  1936 es el año en que publicó su primer poema “El grito mudo”, recogido en la antología La poesía cubana en 1936 y 1979 corresponde al año de su muerte.
  3. G. R. Chesterton, “Defensa del absurdo”, en Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos), Trad. de Miguel Temprano García, Barcelona, Acantilado, 2005, p. 357.

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