La alquimia del escritor

Discurso pronunciado por Ernest Hemingway cuando le entregaron el Premio Nobel de Literatura en 1954. Traducido del inglés al español por Fernando Aristizábal. Tiempo de lectura 1 minuto.. 


Sin tener facilidad de expresión, ni dominio de la oratoria, ni ningún conocimiento de la retórica, deseo agradecer este premio a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel.

Ningún escritor que conozca a los grandes autores que no han recibido este homenaje, puede aceptarlo con otra cosa que humildad.

No es preciso citar a estos escritores. Cada uno de los presentes puede hacer su propia lista de acuerdo con sus conocimientos y su conciencia.

Sería excesivo que yo pidiera al embajador de mi país leer un discurso que dijera todas las cosas que están en mi corazón. Ellas no serían inmediatamente discernibles en su escritura, y a veces esto es afortunado para el autor, pero con el tiempo se develan por entero, y es por estas cosas, y por un grado de alquimia que el escritor posee, que sobrevivirá o será olvidado.

En el mejor de los casos, la vida de un escritor es solitaria. Las instituciones pueden aliviar esta dolencia pero nunca mejoran su obra. Su estatura pública crece conforme se deshace su soledad, y a menudo su obra se deteriora.

Porque hace su obra solo, y si es un escritor lo suficientemente profundo, debe encarar cada día la eternidad o la falta de ella. Para el verdadero creador cada libro debe ser un nuevo principio, en el que proponga nuevamente algo que está más allá de toda capacidad.

Debe intentar aquello que nunca se haya hecho o que otros emprendieron sólo para fracasar. Entonces, algunas veces, con gran suerte, tendrá éxito.
Qué sencillo sería hacer literatura si sólo fuera necesario narrar de otra manera lo que se ha escrito bien, pero ya que hemos tenido tan grandes autores en el pasado, un escritor está obligado a avanzar mucho más allá, ingresando en un espacio donde nadie podrá ayudarlo.

He hablado demasiado para un escritor. Un escritor tiene que escribir lo que debe decir, y nunca hablar de ello.

1954.


Ernest Hemingway

Oak Park (1899) – Ketchum, USA (1961). Premio Nobel de Literatura 1954.
Fue corresponsal durante la Guerra Civil Española y más tarde reportero del primer Ejército de Estados Unidos. Aunque no era soldado, participó en varias batallas. Después de la guerra, se estableció en Cuba y en 1960 en Ketchum (Idaho). Su vida estuvo signada por la aventura. Se suicidó disparándose con una escopeta el 2 de julio de 1961.

Escribió: Tres relatos y diez poemas (1923), En nuestro tiempo (1924), Hombres sin mujeres (1927) que incluía el cuento Los asesinos y El que gana no se lleva nada (1933), Fiesta (1926), Adiós a las armas (1929), Muerte en la tarde (1932) y Las verdes colinas de África (1935).

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