Waiting challenge

Fotografía: Sea-Tac waiting area, 1950s.

Por Alicia González Castro

Tiempo de lectura 2 minutos.


Las salas de espera son el mejor observatorio de la existencia, diván del comportamiento humano sumergido de la ausencia de acción, oasis de la imaginación que permite registrar con la memoria o la pluma, lo que hace la humanidad cuando no hay otra opción más que esperar.

Séneca afirmaba que todo lo puede esperar mientras el hombre vive y la impaciencia no lo carcoma. Cualquier pasillo se vuelve anden que pone a prueba la paciencia después de comer, conversar con los suyos o extraños, hojear el periódico o hacer slide down en el celular o la Tablet para acortar la lentitud del tiempo. 

Mirar hacia la nada en espera de que algo pase, como si la vida fuera ficción y los mortales comunes fueran espectadores o participes de una tragicomedia en lo que atiende el dentista o llega el camión a la terminal.

Esperar presenta el más dinámico de los perfomances, los gestos se vuelven coreografía, esa mirada pendiente de cualquier movimiento que busca inconscientemente intervenir en la vida ajena como una forma de agregar sabor a su existencia.

Esperar es fusilar  las leyes de la razón de los ansiosos, atentar contra su principal postulado ir a toda prisa, aprehender las emociones y empacar el futuro en una lata de atún. Esperar es sentir lo que el poeta Fernando Pessoa expresa en su poema: Nunca por más que viaje: “Nunca por más que viaje pierdo al partir, al llegar y en la línea móvil que los une, la sensación de escalofrío, el miedo a lo nuevo, la náusea, esa nausea que es el sentimiento que saber que el cuerpo tiene alma.”

Una canción invisible suena en el imaginario colectivo y forza a la humanidad a encarar el silencio, enfrentar esa batalla campal de no hacer nada, sentirse tan incómodo como una geisha que odia estar inactiva y opta mejor por agitar el pie, cruzarse de brazos y apretar los ojos como un zipper que desea comprimir esos espacios que no aprovecha para poner en orden los delirios de sus neuronas o tratar de despertar esa tan ausente capacidad de asombro ante lo ignoto de la cotidianeidad.

De igual forma,  la espera viene en momentos cumbres, decidir, que simula ser una operación a corazón abierto,  en la que no queda otra opción mas que esperar a ver cómo reacciona el organismo, seguir la convención de Flaubert, siempre esperar cuando se está desesperadlo y dudar cuando se espera, de lo contrario la vida habrá transcurrido como un automóvil a toda prisa sin poderlo apreciar y contemplar en su totalidad.


Alicia González Castro 

 

Tijuana BC. Licenciada en Comunicación por la UABC. En 2010 publicó su primer poemario, Inventario de ilusiones con el sello editorial, Existir. Ha publicado en revistas culturales e independientes en México, Colombia y España como: TijuaNeo, Existir, Acequias, Frontera Esquina, Zarabanda, Literariedad, Negra tinta, entre otras.

Asimismo ha compartido su trabajo artístico en antologías poéticas como: Somos poetas ¿¡y que?! De Honda Nómada Ediciones y San Diego Poetry Annual 2011 y 2012, 2013, Por todos mis amigos y Migraciones de Arte Buhonero Ediciones. En 2013 lanzó su segundo libro de poemas: Random Poemas para leerse en desorden con la editorial Cantarsis y fue publicada en la revista Monolito y Tijuana Poética.

Fue también columnista literaria del portal Sin Embargo, colaboradora del periódico El sol de Tijuana, así como Fin de semana, filial del periódico San Diego Union Tribune. Actualmente es docente en nivel medio superior y colaboradora del suplemento cultural Identidad del periódico El mexicano, así como el portal de internet: Cultura Colectiva donde publica ensayos literarios.

 @taciturnafeliz

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