Ensayo Revista

Paranoia de una bridemaid

Por Alicia González Castro

Tiempo de lectura 4 minutos.


En las bodas, la novia siempre es protagonista. Epicentro de la llegada al altar, la que “culturalmente” toma el mando y se conmueve ante la despedida de su soltería, su antiguo hogar e inexorable individualidad.

El amor, sangre que circula por las arterias de la razón por las cuales contrae matrimonio con el supuesto amor de su vida, convoca a la artillería de amistades más cercanas para anunciar la noticia, extender su mano y exhibir una piedra lustrándose en el dedo anular, como símbolo de sellar un pacto de lealtad.

Las damas de honor o bridemaids son acompañantes al cortejo que celebra la unión de un binomio sumado por la fuerza de sus latidos. La indumentaria se iguala a un color o estilo que la novia prefiera que su ejército utilice para lucir  el comienzo de una guerra, la de la felicidad.

A veces el azar crea coincidencias que casi apuestan por ser realidades aproximadas puestas en negativo. Un desaliento  aparece en pantalla con La bajada en picada de Black Mirror y una dama de honor obsesionada con tener altos grados de popularidad en su teléfono con tal de poder liberar ese desasosiego de aprobación y ser capaz de hacer lo que sea con tal de llegar a la boda de su amiga de la infancia.

La locura brota en este singular personaje y su obsesión no la deja ver más allá de si misma hasta que toca fondo. A manera de hipérbole este episodio representa esa intensa necesidad de mostrar la perfección que no es o sentir que no se encaja en ese singular universo de parejas a punto de ser padres, recién casados o amasiatos en comunión con la libertad. Una presión social sin remedio al verse obligado a impresionar a todo mundo menos a uno mismo.

Alguna vez dijo John Lennon que la paranoia es un elevado sentido de consciencia. Observar más allá de la realidad inmediata, creer que cada conversación ajena o estímulo del exterior gira en torno a uno mismo, cuando en realidad las probabilidades son mínimas.

I

Del rompecabezas de la vida, algunas piezas parecen  encajar a fuerza como si fueran promesas a punto de cumplirse y generar una serie de temores irracionales.  — ¿Y si no me deja ser dama de honor por alguna razón? ¿Y si se da cuenta de esa envidia al verme como fracasada en los lustres del amor y sentir coraje de su circunstancia, cuando en realidad son casos totalmente distintos? — ¿Y si se da cuenta de que no me siento realizada con su logro y no se a que aspiro realmente, pero con saberla comprometida me dan ganas de estarlo también?

Aristóteles denominó mimesis a esa capacidad de imitar a la naturaleza como fin esencial del arte, quizá eso sea parte de la paranoia de una bridemaid en aprietos, sentir la presión de copiar el contexto que la rodea para aun sentirse parte de él y no ser excluida al no gozar el mismo estado civil de sus seres queridos.

Quizá sea un jaloneo temporal en el que se cuestiona el sentido de la existencia después de cierta edad y logros establecidos donde lo milenial no va ni mucho menos lo tradicionalista. ¿Qué remedio les quede a las single bridemaids?

Recurrir a la lectura del ensayo de Rosario Castellanos, La mujer y su imagen, reír y seguir la sugerencia de disfrutar de las ventajas de la soledad en la soltería, puede ser un salvavidas o probablemente identificarse al ser el comodín de la familia o sentir que ningún hombre la consideró digna de llevar su nombre o remendar calcetines.

Otro remedio es imprimir en la memoria el poema de Gioconda Belli, Consejos para la mujer fuerte, donde recomienda en versos lo siguiente:

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

II

Cuando las circunstancias entre una noticia y una fuente cercana de la realidad tienen semejanzas, también entra la paranoia de una bridemaid.

Un avión privado de Turquía se estrelló hace uno días en Irán. Once personas iban a bordo, entre algunas de ellas una mujer próxima a casarse y siete de sus amigas, quienes celebraron una despedida de soltera en un concierto en Dubai. Una fotografía circuló en las redes sociales, donde ellas portaban una bata rosada y la novia de blanco. Todas sonreían debajo de esas gafas oscuras y sentadas de una forma particular que dejaba entrever la cercanía con la protagonista y su grado de coquetería frente una cámara.

— ¿Y si eso pasara? ¿Que la muerte llegara como una embestida y pusiera fin a los pendientes de un pacto amoroso a punto de realizarse? Ojalá que no. Hay un cortejo que cumplir y un discurso que pronunciar a pesar de que un duelo salvaje de ideas recurrentes combata en el interior como un flujo de conciencia que cambia de parecer cada minuto.


Alicia González Castro 

Tijuana BC. Licenciada en Comunicación por la UABC. En 2010 publicó su primer poemario, Inventario de ilusiones con el sello editorial, Existir. Ha publicado en revistas culturales e independientes en México, Colombia y España como: TijuaNeo, Existir, Acequias, Frontera Esquina, Zarabanda, Literariedad, Negra tinta, entre otras.

Asimismo ha compartido su trabajo artístico en antologías poéticas como: Somos poetas ¿¡y que?! De Honda Nómada Ediciones y San Diego Poetry Annual 2011 y 2012, 2013, Por todos mis amigos y Migraciones de Arte Buhonero Ediciones. En 2013 lanzó su segundo libro de poemas: Random Poemas para leerse en desorden con la editorial Cantarsis y fue publicada en la revista Monolito y Tijuana Poética.

Fue también columnista literaria del portal Sin Embargo, colaboradora del periódico El sol de Tijuana, así como Fin de semana, filial del periódico San Diego Union Tribune. Actualmente es docente en nivel medio superior y colaboradora del suplemento cultural Identidad del periódico El mexicano, así como el portal de internet: Cultura Colectiva donde publica ensayos literarios.

 @taciturnafeliz

  1. Hever Falcao

    Impresionante la perspectiva poco explorada de una bridemaide, esto solo puede der reflejo de lo que una mujer real y contemporánea puede sentir y no manifestar al menos abiertamente cuando tiene la “dicha” de ser una dama de honor.

    • Hola Hever, gracias por pasar por aquí. En efecto son circos mentales de presión social, referencias mediaticas que ocurrieron al mismo tiempo y aprovechando la circunstancia hilvane todo esto sobre la mesa. Saludos!

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