Cine Ensayo Reseña

Poética de la memoria

Por Nancy Hernández García

Tiempo de lectura 3 minutos.

“Lo he visto todo”, dice una voz femenina. “No, no has visto nada”, dice una voz masculina. Mientras, en la pantalla solamente vemos lo que pareciera un brazo, la cámara se aleja y entonces vemos un abrazo, dos cuerpos desnudos entrelazados. Un hombre y una mujer, los dueños de las voces. Así empieza Hiroshima, mon amour, un clásico del cine.

La escena que inicia la cinta nos toma desprevenidos y sentimos que nos perdimos de algo, pero no es así. Los encuadres son así: acercamientos y alejamientos. Se va complicando todavía más, pues la estructura, o sea el montaje, es un cuerpo fragmentario, un juego tiempo-espacio: regresos al pasado y continuidad en el presente. La trama es quizá lo único “sencillo” de esta película estrenada en 1959, protagonizada por Emmanuelle Riva y Eiji Okada, dirigida por Alain Resnais y con guión de Marguerite Duras; se trata de una actriz francesa que está en Hiroshima rodando una película sobre la paz, allí se encuentra con Él (Okada), un arquitecto japonés; sin más, pasan la noche juntos. Lo que vemos, entonces, es lo que sucede después del sexo entre la pareja, que va más allá de ser una plática banal (pues son dos desconocidos) o una simple charla de sobrecama. Lo que el espectador de Hiroshima presencia es una conversación profunda que hace que la pareja intime mucho más (a pesar de suceder después del sexo).

A través de la no linealidad, es decir, del ir y venir en el espacio y tiempo, es que el espectador se va enterando de quiénes son Él y Ella. Latente está un amor surgido  ̶ como casi todos ̶  de la atracción y del deseo. Él quiere conocerla, se interesa en ella. Ella se muestra evasiva al inicio, pero poco a poco va cediendo y le cuenta sobre sí; carga con una historia de amor no realizado, pues en la adolescencia, en Nevers, se enamoró de un soldado alemán y construyeron muchos proyectos que al final no se realizaron porque el soldado murió, víctima de la guerra. Ella, literalmente, enloqueció de amor y se convirtió en una vergüenza para sus padres, quienes hicieron todo lo que estuvo en sus manos para volverla a la cordura, por ejemplo, la raparon y la recluyeron en el sótano, pero no pasó nada. La joven seguía pensando en el soldado alemán. Mientras tanto el mundo estaba en guerra y sus padres la mandan a París.

Del arquitecto japonés aún no sabemos nada, después nos enteraremos de que es arquitecto y casado. Las siguientes imágenes son crudas: personas y animales mutilados por los bombardeos atómicos en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, lugares en ruinas. Ella insiste en que lo ha visto todo y Él en que no ha visto nada. Enérgica, Ella dice que sí, que todo está en los museos, en fotografías, en las calles, en los hospitales, que allí está el testimonio de la barbarie, que esa es la manera de explicar lo inexplicable, con imágenes. En un lapso de separación de la pareja, Ella filma sus últimas escenas de la película sobre la paz. Él la vuelve a encontrar y continúan su conversación sobre el amor, el horror y el olvido.

Hiroshima, mon amour es una película de verdad estremecedora, parte de una situación sencilla y la va complejizando conforme pasan los minutos. Tampoco se queda en el umbral de la moralidad, de hecho no le importa, no hay defensa del adulterio ni del matrimonio, simplemente se trata de una pareja, de un hombre y una mujer que se conocen después de un encuentro sexual. La actriz francesa, oriunda de Nevers, es obligada a recordar lo que creía sepultado por el tiempo: su pasado, tan doloroso que la enloqueció. Pero ese pasado representa una carga porque es la consecuencia de los desastres de la guerra y en Hiroshima se encuentra con más escenas fuertes. El arquitecto japonés, oriundo de Hiroshima es un sobreviviente del bombardeo atómico porque estaba en otra ciudad cuando ocurrió, sin embargo, también está marcado por la guerra. La tensión del argumento es entre el olvido y la memoria, entre el horror y el discurso oficial, sin siquiera politizar, más bien, hay una poética de la memoria, que no es otra cosa que una lucha feroz y encarnada contra el olvido.


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México (1990). Lic. en Letras Hispánicas por la UNAM. Estudiosa de la literatura mexicana contemporánea, en vías de especializarse en la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.

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