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El amor abrasante de Sabines

Por Nancy Hernández García

Tiempo de lectura 6 minutos.


 

Para Lenin:

«que la vida me quite todo pero que me quedes tú»

Jaime Sabines

Decir Jaime Sabines es decir poesía, amor, melancolía, pasión, deseo, sensualidad, fuerza, naturaleza y nuevamente poesía. Sabines es uno de los máximos exponentes de la lírica mexicana contemporánea; la crítica lo ha insertado dentro de la corriente coloquialista o conversacional, por el tono, sin embargo, los temas de su poesía van más allá de los asuntos de la cotidianeidad: el tiempo, el amor, el ser, la existencia o inexistencia de Dios… hay que decirlo mejor: nos hace ver lo compleja y profunda que puede ser la cotidianeidad.

Por lo último que dije, no es de extrañar que este hombre-poeta exprese todos sus sentimientos y emociones con fuerza y claridad, quizás éstas conformen la unidad de medida de su intensidad.

Así, Cartas a Chepita adquiere otro sentido; más que un simple epistolario, pues, finalmente son las cartas que Jaime le escribió a su entonces novia Josefa Rodríguez, Chepita. Desde esta perspectiva tal vez carecerían de algún valor estético y literario, como en un principio lo creyó la propia Chepita; estas cartas eran parte de su intimidad como pareja, en ellas Sabines es Jaime hablando con su novia, le cuenta sus planes, sueños, pesares, alegrías, le habla de lo que siente por ella con absoluta libertad; sencillamente, las cartas eran de ella:

Fue hace ya varios años, durante una visita del poeta Marco Antonio Campos a casa, que el tema de la correspondencia de Jaime surgió por primera vez como un asunto editorial. Marco Antonio preguntó si habría mantenido un intercambio de cartas con algún escritor y Jaime respondió que si acaso un par, y que no conservaba ninguna por obvias razones, pero de las que había en cantidad eran aquellas que había escrito para mí. Jaime entonces me pidió que le diera algunas, y yo, a regañadientes, accedí. Entonces escogió dos o tres para darlas a Marco Antonio a fin de publicarlas [en Periódico de Poesía], a lo que me negué con firmeza. Las cartas eran mías, no de Jaime, y sería yo quien decidiera sobre ellas. Él entendió y ya no insistió más.

Es comprensible la oposición de Chepita a la publicación de las cartas: eran suyas porque era la destinataria y tal vez sintiera pudor por lo que de intimidad quedaría al descubierto. Subrayo “eran” porque una vez que el epistolario vio la luz, las cartas son de los lectores, de los escuchas de Sabines. En el momento de la lectura todas las mujeres somos Chepita y todos los hombres son ese Jaime enamorado hasta los huesos, calcinándose en la hoguera de la pasión.

Cartas a Chepita es un lugar de encuentro de los lectores con Jaime, con el hombre que (con)vivía en el poeta, y cómo no identificarnos con esta escritura si es profundamente humana; las cartas no son odas a la cursilería, son desesperadas, ardientes, amorosas, tristes, iracundas… Están escritas con sudor, lágrimas y sangre, en cada palabra late la desesperación por la separación física (a veces Chepita estaba en Tuxtla y Jaime en la Ciudad de México, o viceversa) y la esperanza del anhelado reencuentro:

La ausencia es un engaño; estas cartas son un engaño que nos hacemos a nosotros mismos; queremos distraer esta soledad, este faltarnos alguien  ̶ tú a mí, yo a ti ̶ en tanto llega el día de vernos y tenernos. No es precisamente aquello de “Amor de lejos…” sino, más bien, amor de solos que quieren compañía.

Es, en resumen, es la esperanza del encuentro, del volverse a tener, lo que sostiene a todos los distantes, a todos los ausentes; y en mí es ahora muy pequeña la esperanza, porque es muy grande mi necesidad de ti.

Recordemos que en los años de la correspondencia (mediados de los 40 a principios de los 50) Jaime cursaba estudios literarios en el famoso edificio de Mascarones (antigua sede de la Facultad de Filosofía y Letras) y Chepita estudiaba Odontología, ambos en el Barrio Universitarios, no obstante, sus tiempos no eran sincrónicos: «Hace un calor tremendo. Es medio día. Miro tu retrato y te pregunto: ¿por qué estás lejos?» Además de los viajes a Tuxtla por cuestiones familiares. Pero siempre supieron que su destino era estar juntos. Una vez que se reunieran, nada los separaría (salvo la muerte física del poeta).

Hay cartas inmensamente conmovedoras, tiernas, parecieran susurros al oído. A veces también contagia su tristeza y su furia (causada por aquélla), por la ausencia de Chepita, que era nombre, mujer y signo: la encarnación de su deseo, que conforme pasa el tiempo, incrementa considerablemente hasta volverse incontenible, no cabe ya en Jaime; se lo dice, más, lo escribe: la letra es permanente, queda constancia de este amor ardiente:

Ahora que nadie me interrumpe no tengo más ocupación que pensar en ti; he estado recordando infinidad de cosas, de momentos juntos, de caricias y charlas y locuras; han sido 24 horas de estarte deseando febrilmente (al pie de la letra) [el poeta había estado enfermo, creía que de paludismo], de estarte deseando y lamentándote tan querida y tan lejos.

Es mediodía y estoy solo en la casa. Desde mi cama estoy viendo tu retrato. Tengo tu carta a un lado. Te deseo. Te deseo inconfesablemente, desde la punta de mis pies hasta mis ojos, a todo lo largo de mi alma, te deseo pecaminosamente, desordenadamente, atrozmente. Y tengo que callar; tengo que saberte lejana, inasible, del tiempo nada más, de la promesa.

La atmósfera creada por el poeta es bastante sugerente; la fotografía y la carta de Chepita se transforman en fetiches, en una manera de hacerla tangible, en talismanes que invocan su presencia, que le dan al poeta certeza de su existencia, pues, por la fiebre podría creerla una ilusión y por la distancia, una creación de su amor apasionado. Sin embargo existe, Chepita está más allá de todo y en todo.

En este punto convergen dos situaciones que revelan la manera de ser hombre de Jaime Sabines; se desborda de amor por Chepita, pero también está su cuerpo masculino, cuyas necesidades lo llevan a saciar su sexualidad:

¿Es posible que, a estas alturas, no creas en mí? ¿O te sientes débil ante la distancia y ante el tiempo? Yo nunca te he jurado fidelidad sexual; no podría ser; es absurdo; tú misma no la deseas. El que yo ande con otra no quiere decir que deje de andar contigo. Tú estás más allá de todo esto, linda.

Escribe en otra carta:

Te aseguro que no me importa ninguna mujer sino tú, que no quiero a nadie sino a ti. Las otras sólo me han servido para quererte más. Pero ya no hay otras sino tú, ya no puede haber nunca nadie sino tú.

Sobre este asunto es necesario tener presente (muy presente) el contexto, eran los años 40-50, reinaban las “buenas costumbres”, la educación dada a las mujeres no era como la actual. Por más que Sabines le escribiera a Chepita sobre su irrefrenable deseo de ella, éste no podría satisfacerse hasta que Dios y la sociedad los reconocieran como matrimonio. Pero lo que me interesa resaltar es el hecho de que Sabines no le oculte a su futura esposa que tiene aventuras. Por motivos como este las cartas me parecen reveladoras, a través de ellas uno puede hacerse una idea de cómo fue el hombre detrás de la gran figura que es Jaime Sabines.

Respecto a lo literario, en las cartas también aparecen trazos rápidos de lo que después serían poemas. Aquí un ejemplo:

Chepita, mi Chepita: te quiero. Escúchalo también cuando no lo pronuncie. En mi corazón no hay cansancio. Lo digo todo yo, aún no pensando en ti. Lo digo con todas las voces, lo grito con todos los silencios.

En poema, “Espero curarme de ti”:

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Vale muchísimo la pena pasar unas horas de nuestra vida leyendo Cartas a Chepita y regresar a ellas cada vez que la necesidad sea imperiosa, tanto como el amor abrasante de Sabines.

mm

México (1990). Lic. en Letras Hispánicas por la UNAM. Estudiosa de la literatura mexicana contemporánea, en vías de especializarse en la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.

  1. Luis Fernando J.G,

    ¡Me dan ganas de leerlas!

    • mm
      La musa del poeta

      ¡Qué gusto! Hazlo, te aseguro que no te arrepentirás. Son cartas preciosas que nos dan otra perspectiva de Jaime Sabines, además el libro no está caro. ¡Saludos Luis Fernando!

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