Por Nancy Hernández García

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Muchas veces —desde que en la adolescencia leí las Rimas de Bécquer— me he preguntado qué es poesía. Confieso que no he encontrado una definición que me convenza del todo. Quizá sea el carácter tan rígido del qué el que me impide llegar a una respuesta o definición; entonces modifico la pregunta: ¿Qué podría ser poesía?

La poesía es muchas cosas, algo diferente para cada uno de nosotros pero todos coincidiremos en que también es intensidad. Y justamente por eso, porque la respuesta a esta pregunta es múltiple y diversa, regresé a algunos poemas que responden o intentan hacerlo:

Octavio Paz

«Mi poesía, hasta donde puedo hablar de ella, es una poesía de la presencia y, claro, de la forma privilegiada en que, para el hombre, aparece la presencia del mundo: la mujer. Es nuestro semejante y es también lo otro, lo radicalmente distinto. En la mujer encontramos siempre a la otredad, o sea, a la negación de nosotros y de lo que somos nosotros. Ellas y nosotros: las dos caras de la realidad humana. En mi poesía, la presencia también se manifiesta como negación. La mujer es una presencia enigmática: oculta el placer, la muerte, lo invisible. La realidad plena, compacta, visible, manifiesta algo que no es visible: nosotros intentamos asomarnos a ese abismo. Me parece que esto forma parte de todos los hombres.

[…] Lo que cuenta, para el poeta (y para el hombre en general), es ver cómo la realidad real, la presencia de la mujer que queremos, se funde con la imagen. En esto encuentro una de las misiones cardinales de la poesía: convertir a las imágenes en realidades y a la realidad en imágenes.»

Marco Antonio Campos

“La poesía”

 

Días claroscuros del invierno de ’68, la poesía

era gorrión que picoteaba y picoteaba la hoja y llegaba

con el invierno frío en el rostro de la joven enlutada,

la ceniza en la frente era fuga y aventura,

y yo sentía o presentía, que salvo relámpagos esporádicos,

mi vida no estaría a la altura de las olas, pero que

amaría el lúcido mar, el sol salvaje, la golondrina azul,

la poesía y el ángel, y, claro, digamos así fue,

y la poesía surgió en mi ventana con el habla

del gorrión y me habló caligrafiándome desde

el rostro moreno y el cuerpo ondulado

de la joven enlutada, y allá, más allá, más allá

de la ribera y de casas exiguas,

que parecen a un metro de precipitarse al mar,

entreveo hoy las montañas en la niebla azul,

y escribo un poema, igual o parecido al que escribí

en aquel invierno monótono, gris, tristísimo del ’68,

cuando el gorrión entró por la ventana a escribir

—a picotear—  en mi cuaderno de papel pautado

una leve melodía que no dejo de escuchar

cuando vuelven días como los de aquel invierno

lesivo, hosco, hostil, pero que al menos dio con su gran luz

la figura melodiosa de la joven enlutada.

José Emilio Pacheco

“Dichterliebe” (“Amor de poeta”)

La poesía tiene una sola realidad: el sufrimiento.

Baudelaire lo atestigua, Ovidio aprobaría

afirmaciones semejantes.

Y esto por otra parte garantiza

la superviviencia amenazada de un arte

que pocos leen y al parecer

muchos detestan,

como una enfermedad de la conciencia, un rezago

de tiempos anteriores a los nuestros

cuando la ciencia cree disfrutar

del monopolio eterno de la magia.

 

Juan Gelman

“Sobre la poesía”

 

Habría un par de cosas que decir/
que nadie la lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/ se trata
de un asunto importante/ recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el

tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/ salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/ esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/ para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/ que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/ los almaceneros/ los guerreros/ los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/ yo ahora
para que me quieras.

Luis García Montero

“La poesía”

 

La poesía es inútil, sólo sirve

para cortarle la cabeza a un rey

o para seducir a una muchacha.

Quizás sirve también,

si es que el agua es la muerte,

para rayar el agua con un sueño.

Y si el tiempo le otorga su única materia,

posiblemente sirva de navaja,

porque es mejor un corte limpio

cuando abrimos la piel de la memoria.

Con un cristal partido,

                                    el deseo

hace heridas más sucias.

La poesía eres tú,

un corte limpio,

una raya en el agua

̶ si es que el agua es razón de la existencia ̶ ,

la mujer que se deja seducir

para cortarle la cabeza a un rey.

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima xxi

“¿Qué es poesía?”, dices mientras clavas

     en mi pupila tu pupila azul.

“¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

      Poesía… eres tú.”

Paz, Pacheco, Marco Antonio Campos, Gelman, Luis García Montero y Bécquer son algunos poetas que se han detenido a pensar qué es poesía; vemos que es algo diferente para cada uno, aunque coinciden en que la poesía es la mujer. Quizá no la mujer como concepto categórico, sino que las analogan en un intento por explicar la compleja naturaleza de ambas. Mujer y poesía porque ambas conducen al sentimiento. Porque son la otredad, como dice Paz, que sin embargo no es ajena al hombre. También es el descubrimiento, el asombro, una revelación, como escribe Marco Antonio Campos; la poesía es un ave que repentinamente se posa sobre el poeta para revelarle su condición. En la práctica, la poesía es un instrumento, un medio para seducir

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México (1990). Lic. en Letras Hispánicas por la UNAM. Estudiosa de la literatura mexicana contemporánea, en vías de especializarse en la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.

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