Cuento Revista

Café

Por Javier Febo Santiago

Tiempo de lectura 2 minutos.


Existe un escritor, conocido mío, que ha hecho del té un tema literario.  Le adjudica propiedades y complejidades que no tiene.  Con el té, según él, las conversaciones son más interesantes y no causa mal aliento, entre otras cosas.  Algo ingenuo, tratándose de un escritor.  No quiero decir que un escritor sea alguien a prueba de incultura y no tenga cierto grado de idiotez.  Sí, son seres humanos, también son pecadores y no todos son ejemplares.  A lo que me refiero es, que con la cosa del té, se le ha ido la mano.  Para algunos en occidente, no para los ingleses, que bebían té para luego invadir naciones indefensas; la cultura del té se concibe como una que está rodeada de misticismo, de serenidad, y de seriedad.  Culpa de ello la tienen los asiáticos.  La realidad, y no me escondo, el té, es solo un emblema de aburrimiento.  El café es otra cosa.  Su proceso requiere contemplación, experiencia, pericia, selección, confección y el cálculo exacto para que ese grano afrodisiaco huela, cautive, se transforme y se beba para completar el despertar ante un nuevo día.  El café sabe de música, tiene ritmo, y no alborota cuando hierve.  El café se puede combinar con la leche, la canela, la miel, el chocolate, el ron, el brandy, el whisky, el caramelo, la crema batida, el cielo y la tierra.  El té es soso caliente, y frío, se paraliza.  No conozco ningún licor a base de té, y si existe, debe ser desabrido y solo deben beberlo los monjes de los monasterios que ubican en los picos de las montañas para calentarse del frío y acordarse de dios.  En cambio, licores de café abundan, no porque abunde el café, sino porque abunda el buen gusto. 

Creo que he dejado claro que el café es superior al té.  Además, sonríes al escucharlo y al olerlo mientras se genera su metamorfosis, mueves el cuerpo y cierras los ojos al ingerirlo, y cuando das el último sorbo que queda en la taza, el agradecimiento es astronómico por tan importante invento.

Debería cambiar el tema.  No estaría mal escribir algo del vino que me estoy bebiendo, que por cierto, es un Merlot de Robert Mondavi.  Cada vez que bebo vino, no sé por qué, me acuerdo de las películas A Good Year y Bottle Shock.  La verdad, no quiero escribir del vino que me estoy bebiendo.  Quiero escribir acerca de los cristianos que aman las películas de acción.  Esas donde la gente muere violentamente, vuela en pedazos, y el héroe, en la mayoría de los casos, es un asesino.  Quiero escribir de esa fascinación, de esa empatía con la violencia y la muerte.        

Antes de escribir de lo que deseo escribir, debo añadir, que el café no tiene horarios, es libre.  Y lo mejor de todo, es una droga.  ¡Salud!    


Javier Febo Santiago.

Trujillo Alto, Puerto Rico. Febrero 8, de 2018.

Twitter: @JavierFeboStgo

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