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Literatura ft. Música

Por Nancy Hernández García

Tiempo de lectura 2 minutos.


No hay nada nuevo bajo el sol es una frase que de tanto repetir se ha vuelto lugar común. Todo está conectado es otra cosa que sabemos de sobra; coincidencias, sincronicidades, mensajes del universo, le hemos dado tantos nombres al encuentro de dos cosas distintas que sin embargo son semejantes.

La música y la literatura son dos de las siete Bellas Artes, por ende, no debería extrañarnos que tengan conexiones entre sí. Es más, la poesía es muy cercana a la música y viceversa. Pero ¿qué pasa cuando la conexión sucede entre la literatura de escritores como Jorge Luis Borges y las canciones de Julio Jaramillo?, ¿acaso Jaramillo leyó a Borges?, ¿Borges escuchó los boleros de Jaramillo? La sola idea de escribir sus nombres en la misma línea puede parecer un disparate. Los académicos pondrían el grito en el cielo. Los bohemios tal vez no sepan quién es el argentino. Pero la cultura es así, no hace distinciones entre alta y baja cultura, o culta y popular; se conforma de ambas.

Hacía poco había leído y escrito un ensayo sobre las cartas de Borges a Estela Canto. De la carta de la despedida se me quedaron grabadas para toda mi existencia estas palabras: “Te debo las mejores y quizá las peores horas de mi vida y eso es un vínculo que no puede romperse.” Días después, al escuchar el bolero Te odio y te quiero, me percaté de la estrecha relación entre ambas historias. Por un lado, Borges acepta dignamente su derrota frente a Estela Canto y rechaza la amistad que aquella le ofrece; su argumento es contundente. Jaramillo canta

Te odio y te quiero
porque a ti te debo
mis horas amargas
mis horas de miel.
Te odio y te quiero
fuiste el milagro
la espina que duele
y el beso de amor.
Por eso te odio
por eso te quiero
con toda la fuerza
de mi corazón.

El nexo Borges – Jaramillo es evidente.

La espina que duele hace resonar “En el corazón tenía / la espina de una pasión; / logré arrancármela un día: / ya no siento el corazón.”, versos del poema “Yo voy soñando caminos” del español Antonio Machado.

No es este el único caso de dialogismo cultural, sin embargo, me asombra y emociona ver cómo ciertos dolores también nos hermanan, cómo la expresión del mismo sentimiento encuentra otros caminos. ¿Quién con el corazón roto no ha sentido odio y amor simultáneos por la misma persona?

En estas cavilaciones se me iban las horas de la noche cuando me tropecé con otra intertextualidad: José José, sí, el mismísimo Príncipe de la Canción, dialoga con el soneto más famoso de los Siglos de Oro y con Heráclito. Conocía las canciones de José José porque mi madre gusta de ellas (hasta me sé algunas), pero después de la muerte del intérprete las canciones desconocidas hicieron su aparición: Polvo enamorado… Inmediatamente esas palabras me llevaron siglos atrás, a Quevedo y su “Amor constante, más allá de la muerte”. La relación aquí no es cercana; la canción abarca de manera general el tema del soneto: conquistar la eternidad a través del amor. Es un parentesco de segundo grado, por decirlo de alguna manera. El amor acaba dice “porque somos como ríos cada instante nueva el agua”, frase que nos lleva a la máxima de Heráclito “nadie se baña dos veces en el mismo río”. El devenir simplificado: el cambio es constante y necesario.

Así queda confirmado que efectivamente todo está conectado.

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México (1990). Maestra en Letras por la UNAM. Estudiosa de la literatura mexicana contemporánea, en vías de especializarse en la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.

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