Relato Revista

Recetario calamitoso

Por Tonatihu Blancas López. Tiempo de lectura [est_time]


[dropcap]L[/dropcap]a bofa masa que pendía de la cuchara se desprende sin oponer resistencia, ¡prfff!, cae secamente sobre el plato. No ha probado bocado. Con la mirada perdida observa ese puré de patata grumoso, hunde la cuchara apuñalándolo una, dos, tres veces, esparciendo el bulto pálido hacia los extremos del trasto.

«Lobina acompañada de puré de patata, calabaza salteada y zanahorias al horno… ja, ja, ja, definitivamente creo que este es un paso atrás».

Germán aún con el cubierto balanceándose en sus dedos se sumerge en el abismo de sus pensamientos, ya no en el doloroso oleaje de remembranzas sino una insípida insistencia por develar algún tipo de secreto.

La relación con su madre siempre fue buena, era una relación muy tradicional, ella, con sesenta otoños tatuados en surcos sobre acartonada piel, cargaba sobre sus hombros con la costumbre de la vieja usanza campirana de aquella ranchería que le vio nacer y encontrarse en flor de núbil juventud.

Mujer de férreas creencias, de obligados rituales de conducta, pero de una moralidad bien adaptada a las exigencias del correr de los años y de las nuevas generaciones.

Él, un adulto joven próximo a llegar a los treinta, el menor de ocho hijos, y quien quedó al amparo y tutela de su madre cuando esta enviudó 8 años atrás. Una relación de mutuo apoyo, él al amparo de su abrazo curativo y ella bajo la tutela de quien se quedó como proveedor del hogar.

―Ay m’ijo, cuando busques alguien con quien hacer vida, te van a regresar a los ocho días ―decía Magos cada que tenía oportunidad―, hasta el agua se te quema muchachito y no sabes ni qué ingredientes usar para preparar un café.

―¡Ay viejilla, ni que fuera tan difícil vaciar un sobre y agregarle agua hirviendo!

Germán se ocupaba de su madre, pero era ella quien veía por él, en la práctica, Magos se encargaba voluntaria y matriarcalmente de la casa, le pareció desastroso cuando su muchachito había comenzado a llevar la ropa a la lavandería para que ella no batallara con esas labores, se deschavetó cuando le llevó comida ‘casera’ comprada, se indignó cuando una mujer que no era ella comenzó a apoyar con las labores caseras.

―¿Qué sigue Germán Gonzalo, que me mandes de vuelta al rancho y me encadenes a una silla como minusválida?

A partir de ese momento, ni el aseo, ni la ropa, ni la comida podían ser ocupación de alguien más que no fuera ella. Ama y señora de la casa, las cosas volvieron a ser justo como siempre lo fueron; y a Germán Gonzalo le venía bien saber a su madre plena y feliz.

El día de las madres, Germán se despertaba muy temprano para prepararle algún desayuno sorpresa a su madre, pero pareciera que Magos era movida por algún tipo de energía cósmica y apenas hubiera Germán encendido la hornilla de la estufa, cuando Magos ya se encontraba parada detrás de él, atándose el albornoz, sacando un par de cacerolas del trastero, tomaba su cuchara de madera preferida, una ya muy gastada pero buenísima porque “no rayaba nada el fondo de las ollas y sartenes” esto a decir de su madre, observaba con un veloz y avispado vistazo lo que había fuera de la nevera y se ponía manos a la obra. Se asomaba a la olla que recién había puesto sobre la lumbre Germán, arqueaba una ceja, torcía un poco la arrugada boca meditabunda, y después de dos segundos metía mano al contenido.

―Viejilla terca, déjeme terminar de guisarle. ―Le decía divertido conociendo la rutinaria respuesta.

― ¡Ay mí muchachito!, hasta el agua se te quema, hazte a un lado que tú no sabes ni qué ingredientes usar para preparar un café.

Cerraba la discusión así, terminaba de preparar el desayuno, se sentaban uno frente al otro y compartían el desayuno muy temprano, incluso antes de los timbrazos a la puerta anunciando la visita del resto de los hijos acompañados de cónyuges y descendencia.

Germán había dejado de acompañar a su madre al mercado los domingos pues a ella le parecía particularmente imperdonable comer los alimentos refrigerados, era especialmente afecta a salir diario a elegir vegetales, leguminosas y cárnicos para los guisados que prepararía, de modo que mientras Germán salía a trabajar, su madre hacía las compras temprano y disfrutaba el transcurrir de las mañanas guisando y siendo la madre protectora de su amado muchachito.

Y así fue hasta aquel día en que murió. Fue un sábado por la mañana que transcurría casi como todos los sábados de los últimos ocho años. Germán había ido a recargar la bombona de gas, al regresar encontró una multitud efervescente, intentó acercarse con cierta discreción, hasta que una mano agitada y temblorosa le llamaba desde el centro de la marejada.

―¡Tu madre… tu madre Germán, han arrollado a tu madre!

Un conductor descuidado había dejado huérfano a Germán, le habían arrebatado a su compañera de vida.

Un par de años pasaron desde aquel evento. Hoy sentado a media luz en la cocina, Germán apuñala un insípido puré de patatas que ha guisado poco antes.

Hacía tres meses que de casualidad volvió a encontrarse con la copia del expediente de la muerte de su madre, y al hojearlo observó las fotografías del peritaje, hubo una que le pareció especialmente interesante, junto a los pies sin zapatos de Magos, una bolsa de mandado con su contenido rodado por el suelo.

Tomó nota de los productos e intentó acertar al platillo que su madre hubiera guisado aquel día, no había carne, seguro sería su última parada… ya no la compró.

Durante cada sábado desde aquel día, compraba los ingredientes y preparaba un platillo con ellos… ya no estaba triste, solo quería honrar a su madre pensando que en una de esas lograba guisar justo el último platillo que ella deseaba prepararle.

«No sabía que había un mundo de platillos por preparar con calabazas, zanahorias, patatas… gratín de patatas con calabazas, puré de patata con calabaza, cerdo en salsa de calabaza, caldo de verduras, calabazas rellenas de patata… ¡Ay Germán, de verdad no sabes ni qué ingredientes usar para preparar un café!».

Apuñala por última vez el puré y finalmente se lo lleva a la boca… de inmediato se le forma en el rostro un gesto de desaprobación culinaria.


Tonatihu Blancas

Tonatihu Blancas

Estudió la licenciatura en Biología en la Fes-Iztacala.

Posteriormente estudió la licenciatura en Periodismo, y más recientemente la licenciatura en Derecho, actividades que desarrolla de manera intermitente.

Cursó la Maestría en Docencia Basada en Competencias.

Realizó estudios de doblaje de voz en Artspot, bajo la dirección del extinto Luis Alfonso Mendoza, posteriormente continuó estudios de doblaje en Allegro Servicio Publicitario de Love Santini y trabajó realizando loops bajo la dirección de Juan Carralero.

Trabajó como editor y reportero para la extinta Tele10 México.

Colaboró en 2014 con la televisora australiana Seven Network, para el programa Sunday night en la elaboración de un reportaje que retrata las tradiciones mexiquenses.

Apasionado de la lectura y de las letras, publicó en coautoría el libro “El fuego de la vida” en 2017.

En 2019 publica con Punto Creativo Editorial su novela juvenil: “¿Lo has visto?”

En 2020 culminó el manuscrito segunda parte de “¿Lo has visto?”.

Participa activamente en certámenes de microcuento, cuento corto y cuento.

TW: @beranitt

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