Columna Ensayo hojasueltas

Lírica de las ruinas

Por Nancy Hernández García


En noviembre de 2016 hubo un festival de poesía y, entre otros, se presentó Fernando Valverde (Granada, España, 1980); su recital me gustó mucho, recuerdo que me conmovió la lectura de dos poemas que incluso marqué en el libro adquirido instantes antes. A lo largo de estos cuatro años me acerqué a sus poemas pausadamente, leía un poema o dos y devolvía el libro a su lugar. El título, Babel, aún me parece enigmático, siento que no he terminado de desentrañar su significado.

Los misterios son sumamente atractivos, más para quien es proclive a los abismos, a la sensación de vértigo que causa ese algo que queremos asir pero que se deshace en el instante mismo de tocarlo, dejando un montoncito de ceniza como única prueba de su existencia. Babel… Babel… Babel, repito el nombre de esta ciudad bíblica origen del mundo que conocemos, paladeo sus dos vocales y sus tres consonantes, me hipnotiza su musicalidad breve. Babel, palabra que se asemeja a un balbuceo. Sin embargo, después de este ejercicio fonético permanece la sensación de nombrar algo que está y no: “es hoy, no somos el pasado”, dice Valverde.

La nostalgia atraviesa, si no es que es uno de los hilos que tejen esta sucesión de instantáneas donde son visibles el abuelo, la madre, la infancia, el paisaje y el poeta mismo. Pedacitos de emociones construyen este poemario que enfrenta al lector consigo mismo, que lo lleva a lo más alto de la torre de Babel y desde allí lo hace asomarse a sus propios abismos. La torre y las ruinas o la torre en ruinas, como en la carta del Tarot cuya aparición en la lectura es determinante. La carta significa oscuridad y destrucción, ambiciones construidas sobre premisas falsas. Como vemos, hay un paralelo con la Torre de Babel y de allí saltamos al poemario de Valverde pues, aunque no todos los poemas son catastróficos, sí son pequeños pedacitos de una vida, rescoldo listo para arder con nuevo viento.

Estos poemas del granadino invitan al diálogo con uno mismo pero también al silencio, les decía, puede leerse un poema y cerrar el libro, volver más tarde a leer otro o el mismo. Es una poesía sencilla, sin trampas eruditas, pero profunda, esperanzadora porque a través de los ojos del poeta vemos todavía la belleza de este mundo e intuimos que en algún lugar “Nos espera la vida”.

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México (1990). Maestra en Letras por la UNAM. Estudiosa de la literatura mexicana contemporánea, en vías de especializarse en la narrativa de José Emilio Pacheco y lectora de poesía en su tiempo libre.

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